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Los precios de la mitad de los bienes y servicios del IPC caen al cierre de 2014

El desplome del petróleo hizo retroceder el índice anual un 1% en diciembre, el mayor descenso en cinco años

Un hombre reposta gasolina en una estación de servicio. Ampliar foto
Un hombre reposta gasolina en una estación de servicio.

Un desplome tan acusado como el que experimenta la cotización internacional del petróleo desde junio de 2014 —en euros, el barril de brent vale ahora un 50% menos— marca, por fuerza, la evolución del índice de precios del consumo (IPC). Más aún en el caso de la economía española, tan dependiente de las importaciones de crudo. Al cierre de 2014, según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el índice reflejó una caída anual del 1%, el mayor retroceso en cinco años. Solo en julio de 2009 se registró un descenso mayor. Es, también, la primera vez que el IPC acaba un ejercicio en tasas negativas. Pero no todo se debe al influyente mercado energético: la mitad de los bienes y servicios que forman la cesta de la compra monitorizada por el INE también muestran descensos de precios.

El índice encadena ya seis meses con tasas anuales negativas, algo que también ocurrió en 2009. Aquel año se produjo también un brusco cambio, mayor incluso que el actual, en la cotización del petróleo: de marcar máximos históricos en el verano de 2008, a retroceder más del 70% tras el estallido de la Gran Recesión.

Pero otros paralelismos no funcionan: hace seis años, la incidencia de la caída del petróleo fue mayor. De hecho, el índice subyacente, que excluye de la medición a los productos energéticos y los alimentos frescos por su volatilidad, se ha pasado todo 2014 estancado (con una variación promedio del 0%), mientras que en 2009 rondó un incremento medio del 1%. Es otra prueba de que la caída de precios estuvo el año pasado más extendida: de los 126 bienes y servicios cuyos precios controla el INE, 60 arrojan tasas anuales negativas en diciembre y cinco no varían. Esa proporción ha mantenido en términos similares desde el verano pasado, y marcó un máximo en agosto pasado, cuando llegaron a ser 64 los bienes y servicios con tasas negativas.

En su acepción más literal, la economía española está en deflación (por oposición a la subida de precios que implica la inflación). La cuestión es si, en términos económicos, es una caída persistente y generalizada de precios que modifica el comportamiento de los agentes económicos y lleva a las familias a postergar su consumo y a las empresas a prolongar la reducción de márgenes. En suma, si pasa de efecto a causa de una crisis económica.

La comparación con 2009 vuelve a arrojar luz sobre la cuestión: aquel año, la actividad económica y el consumo caían a plomo, mientras que el año pasado, tanto el PIB como el gasto de las familias se apuntaron tasas positivas y crecientes.

“Todas las previsiones anticipan crecimiento de la demanda interna, y se basan en observaciones sobre el mercado laboral y el consumo privado. Tales datos no son compatibles con una situación de espiral deflacionista, en las cuales la totalidad de los precios de la economía encadenan descensos por reducción de la demanda”, apuntan los analistas del Instituto Flores de Lemus. El centro, de la Universidad Carlos III de Madrid, matiza además en una nota que “el volumen de bienes y servicios” con tasas negativas ha ido descendiendo en los últimos meses. Y que, dada la previsión para servicios y manufacturas, “seguirá descendiendo en los próximos meses”.

Aunque el consumo privado crece, y lo hace a tasas anuales cercanas al 2%, parte de niveles muy bajos tras seis años de crisis. Y al aumento de la demanda contribuye la incipiente mejora del empleo, pero no los salarios —la última encuesta sobre coste salarial y los datos de contabilidad nacional coinciden en reflejar una mínima caída, del 0,1% anual—, lo que hace que la renta de los hogares siga sin despegar.

Con estos datos, el repunte del consumo debe mucho a las expectativas de que la recuperación se consolide. El riesgo está en que ese escenario se tuerza. En que lo que ahora es, en el caso español, una caída de precios compatible “con una recuperación económica incipiente sin presiones desde los salarios”, en palabras del Instituto Flores de Lemus, se convierta en una dañina deflación tras otro revés económico. Una amenaza común a buena parte de la zona euro, ante la que el Banco Central Europeo se plantea hacer una compra masiva de títulos públicos y privados para estimular la economía.

En el dato final de diciembre, además del petróleo pesó la caída de algunos alimentos frescos. Pero los analistas coinciden en que será el crudo el que seguirá determinando la evolución anual del IPC este año. Según la estimación que se haga sobre la cotización del barril de brent, el pronóstico fluctúa entre una caída media del -0,6% (Flores de Lemus) o del -1,2% (Fundación de Cajas de Ahorros) para 2015, frente al -0,2% de media registrado el año pasado.

El secretario de Estado de Economía, Íñigo Fernández de Mesa, anticipó que la caída de precios “se irá suavizando en la segunda mitad del año”. Fernández de Mesa destacó los efectos favorables del descenso del petróleo: Economía calcula que el ahorro de costes para familias y empresas puede llegar este año a 15.000 millones y añadir 0,6 puntos porcentuales al avance del PIB. Fernández de Mesa enfatizó que la caída de precios a cierre de año permite que mejore el poder adquisitivo de jubilados y trabajadores, aún con pensiones y salarios congelados.

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