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Viaje de estreno en la capital

Los coches, inmediatamente disponibles en el centro, escasean en la periferia

Protesta de los taxistas contra Uber, este martes en Madrid.
Protesta de los taxistas contra Uber, este martes en Madrid.

Cuando el usuario da al botón en la pantalla de su móvil después de haber escrito la dirección de su destino, Uber, la plataforma que conecta particulares para que utilicen coches privados como alternativa al taxi, lo pone automáticamente a la espera de su coche. Este martes, día de su estreno en Madrid, a primera hora de la tarde y en pleno centro el tiempo estimado era de cinco minutos. Bastante para que la aplicación comunique el modelo del coche, calcule la horquilla en la que oscilará el precio del viaje y envíe una foto y el número del teléfono del conductor. Y, en efecto, a los cinco minutos el coche aparece. Sin embargo, unas horas más tarde y en una zona más periférica, la búsqueda se complica: no hay coches disponibles.

En su vehículo, el chófer se relaciona con el sistema que gestiona los coches en circulación a través de un móvil que muestra el nombre del usuario, su destino y un navegador GPS con el mismo recorrido que aparece en la pantalla del cliente. “Es el más corto, no el más rápido. De esta manera, es más fácil evitar el tráfico”, explica el conductor, que prefiere mantener el anonimato. Es un ciudadano dominicano de 34 años, desde hace ocho en España, que hace dos meses se mudó a Madrid en búsqueda de trabajo. Sigue cobrando el paro, y aclara que no paga impuestos por lo que gana con Uber.

Para un recorrido de alrededor de cuatro kilómetros el precio es de 7,32 euros. El viaje tiene un coste mínimo de tres euros y la bajada de bandera cuesta un euro. Uber cobra además 65 céntimos cada kilómetro o 15 céntimos cada minuto. No hace falta efectivo: se paga directamente a la firma con la tarjeta de crédito registrada antes de usar la aplicación. Cada semana la empresa envía el dinero ganado al chófer, cobrando una comisión del 20%.

El usuario puede cancelar el viaje antes de que llegue el coche, puede cambiar su destino y pedir bajar en cualquier momento. Y esta flexibilidad caracteriza también la relación de los trabajadores con la empresa: “Solo tuve que pagar 150 euros para darme de alta, pero puedo darme de baja en seguida. Trabajo cuando quiera. Enciendo mi terminal y empieza a parpadear en cuanto un cliente busca un coche en la zona donde me encuentro. Eso sí, tengo sólo 15 segundos para contestar a la llamada, y si no la atiendo pierdo fiabilidad”. Registrarse como chófer es sencillo: “Uber especifica en el contrato que no es una empresa de transporte, sólo hace falta tener más de 21 años. Eso sí, me pidieron el certificado de antecedentes penales”, explica.

Cuando se acaba el viaje, el usuario puede valorar el chófer para que los siguientes clientes estén enterados respecto a la calidad del servicio. Pero también al revés, con la diferencia de que el usuario no sabe qué valoración ha recibido. “Esto ha sido mi primer viaje, a ver si tengo más suerte hoy”, se despide el conductor.