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ANÁLISIS

Rescatados

La crisis de los setenta costó a los contribuyentes el 12% del PIB. La actual crisis es peor y llevamos reconocido el 6% del PIB

Desde que el Gobierno anunció a principios de 2012 el decreto de saneamiento bancario hasta la intervención de Mario Draghi en julio de ese año, con aquello de “haremos todo lo que sea necesario”, España sufrió una fuga de capitales de unos 230.000 millones de euros, más del 20% del PIB. Para no perder el sentido de la magnitud, en el Tequilazo mexicano de 1994 la fuga de capitales en el país azteca fue del 10% del PIB.

La pertenencia al euro permitió a los bancos españoles pedir prestado al BCE 400.000 millones, el 40% del PIB. Esto evitó que la economía saltara por los aires como en las crisis de emergentes. No obstante, aquello precipitó la intervención de Bankia, después la prima de riesgo se disparó y el Tesoro no tenía capacidad de financiar la recapitalización de la banca.

La troika llegó a Madrid con el mandato de los socios de garantizar el buen uso del dinero prestado. Básicamente lo que se ha hecho es liberar a las entidades intervenidas de 100.000 millones de exposición a promotores; 50.000 millones se han dado por perdidos y los otros 50.000 están en el banco malo donde los contribuyentes españoles hemos avalado el 100% de la deuda.

La prueba del algodón de una reestructuración bancaria es el crédito. Desde 2012, el crédito a empresas y familias se ha reducido en más de 200.000 millones, el 20% del PIB. Por tanto, estamos seguramente ante la mayor caída de crédito de la historia de España. La crisis financiera y bancaria provocó una profunda recesión que ha destruido 1,2 millones de empleos asalariados según la contabilidad nacional.

La morosidad ha subido con fuerza y seguirá subiendo. Los márgenes de negocio de la banca han caído y las entidades siguen en intenso proceso de provisiones y de ampliaciones de capital. A pesar de todo este esfuerzo en los balances bancarios sigue habiendo 200.000 millones de créditos a promotores más los activos adjudicados de estos, cuya cifra oficial lamentablemente no está disponible.

En algunos foros internacionales se habla de la necesidad de crear un banco malo para pymes. Según el FMI hay un 40% de ellas en situación vulnerable de entrar en mora. También sería necesario crear un banco malo de hipotecas para absorber las pérdidas que generará la morosidad de ese 1,2 millones de empleos perdidos. El déficit público sigue en el 7%, la deuda pública próxima al 100%, la banca le debe al BCE 270.000 millones y es la mayor tenedora de deuda pública con 250.000 millones. El círculo vicioso banca, riesgo soberano se mantiene.

Con este escenario festejamos el éxito del rescate y queremos salir guapos en la foto de las elecciones europeas. Pero la foto saldrá cara. La crisis bancaria de los años setenta nos costó a los contribuyentes aproximadamente el 12% del PIB. La actual crisis es peor y solo llevamos reconocido el 6% del PIB. Hasta que no acabe, no sabremos cuánto nos ha costado. Y todavía no ha terminado.

José Carlos Díez es profesor de Economía de Icade Business School.