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OPINIÓN

¿Presupuestos para la recuperación?

Hace un año, el capítulo I de la presentación de los Presupuestos Generales del Estado para 2013 se titulaba Estabilidad presupuestaria y consolidación fiscal para recuperar el crecimiento y el empleo. Prácticamente todo el mundo, también el partido socialista, dijo entonces que parecía difícil valorar, dadas sus características, aquel Presupuesto por su contribución a la consolidación fiscal o a la estabilidad presupuestaria y que, algo obvio cuando se contemplaban las estimaciones de crecimiento, no solo no aportaría nada a la creación de empleo, sino que la ocupación continuaría cayendo a un ritmo todavía muy intenso. Ha pasado un año. Aún no ha terminado el periodo de ejecución del Presupuesto de 2013, pero ya podemos saber algunas cosas.

Desde el punto de vista de la estabilidad presupuestaria, aquel Presupuesto preveía para 2013 un déficit del 4,5%. Nadie veía entonces cómo sería posible alcanzar una cifra semejante que a todos nos parecía muy alejada de la realidad. Unos meses después, el Gobierno tuvo que modificarlo, y hoy, cuando vemos el nuevo Presupuesto, nos encontramos con que el déficit esperado para 2013 es 20.000 millones mayor que el pronosticado entonces, y que el 4,5% perseguido hace un año se ha convertido en un 6,5% y existe bastante consenso en que sobrepasará el 7%. A pesar del incremento registrado en los ingresos impositivos y de la política de recortes aplicada, el desfase respecto a lo que entonces se preveía será probablemente superior a los 25.000 millones de euros.

Dado que en el año 2012 el déficit del 6,8% registrado alcanzó el 10,5% cuando se incluyen las ayudas a la banca, resulta difícil mantener la idea de mayor estabilidad presupuestaria con el Presupuesto que pronto cerraremos. Pero incluso sin las ayudas a la banca, el déficit de 2013 igualará y seguramente superará el del año pasado, 2012, así que los que advertíamos las inconsistencias del Presupuesto para 2013 estábamos, justo es reconocerlo, mucho más cerca de lo que ha ocurrido este año que los objetivos trazados entonces por el Gobierno.

Que la insuficiencia de los avances en el proceso de consolidación fiscal tiene mucho que ver con el fracaso de la política de austeridad en España y en Europa es algo bastante obvio a estas alturas. Durante 2011 y 2012, no solo hemos estado al borde de la ruptura de la unión monetaria, un riesgo que, aunque hoy más despejado, sigue en parte latiendo en el pulso del continente, sino que los resultados de la estrategia europea en términos de empleo, de crecimiento económico y también en cuanto a la evolución de la deuda pública son tremendos.

¿Hemos tocado fondo? Ojalá que sí, pero falta mucho para llegar a la superficie

La economía europea se expandía entre 2009 y 2010 a una tasa del 2%. Hoy los pronósticos apenas superan el 0,5%. El desempleo no solo ha empeorado en el conjunto de la zona euro, sino que ha sucedido algo mucho peor: han continuado de forma abrupta las asimetrías en su evolución. Los resultados en Grecia, Italia y España son el mejor botón de muestra. Los tres países tienen las tasas de desempleo más altas de su historia desde la posguerra mundial.

El crecimiento es hoy mucho menor que hace apenas tres años, ha crecido el desempleo, pero tampoco ha mejorado la posición fiscal de los principales países afectados. Tanta austeridad para tan poca mejora en la situación de las finanzas públicas. El tamaño de la deuda pública española sigue creciendo a pasos agigantados. Tenemos hoy más de 230.000 millones de deuda que la que había en 2011 y es muy probable que veamos superada la simbólica barrera del 100% de deuda respecto del PIB el año próximo.

Más desempleo, menos crecimiento, contracción del crédito y más deuda pública. Este es el venenoso cóctel que nos está brindando al conjunto de Europa esta política. Una política que contiene más ideología que rigor técnico y que, hasta ahora, nos sigue alejando del superávit primario. En el primer Presupuesto realizado por el actual Gobierno, el superávit primario, el que no tiene en cuenta el gasto en intereses de la deuda pública, se alcanzaba en 2014. Este Presupuesto lo pospone hasta 2016, y, así lo creo sinceramente, me sigue pareciendo optimista.

El crecimiento y el empleo eran los otros grandes objetivos del Presupuesto para 2013, el que ahora cerramos. La previsión de crecimiento económico del Gobierno fue hace un año del -0,5%. Nadie, salvo el Gobierno, la creía. Hoy la previsión de cierre es del -1,3%. Casi tres veces peor de lo inicialmente previsto.

Frente a toda evidencia, el Gobierno insistía en que el empleo se reduciría en apenas un 0,2%. Es la misma previsión que ahora hace para el año próximo, 2014. Entonces el crecimiento esperado era el -0,5%, y ahora el empleo crece igual pese a que el crecimiento se estima en el 0,7% para el próximo año. Así es difícil ganar en credibilidad.

Por desgracia, el empleo se reducirá el 3,4% en términos de contabilidad nacional. En el último año conocido, la EPA nos diría que hemos perdido más de 630.000 empleos y, en términos de afiliación a la Seguridad Social, los cotizantes han bajado medio millón. Se han perdido 15 veces más empleos que los que el propio Gobierno preveía hace ahora un año. La destrucción de empleo ya fue enorme en 2012 (algo más de 850.00 empleos perdidos a lo largo del año) y sigue siendo dramática en lo que va de 2013.

Los datos de los trimestres centrales del año no son tan malos como los de trimestres anteriores. Pero cuando se les quita el componente estacional siguen siendo malos datos. Mejores que los de otros años de crisis, pero todavía muy alejados del nivel en que no se pierde empleo. Hemos llegado tan abajo en el nivel de destrucción de empleo en estos años que resulta muy difícil continuar a este ritmo.

Aunque lográramos mejorar en 2014, en casi todas las materias importantes estaremos todavía peor, y en ocasiones mucho peor, de lo que estábamos en 2010 y 2011

¿Hemos tocado fondo? Ojalá que sí, pero falta mucho para llegar a la superficie y mientras tanto seguimos destruyendo empleo. De ahí que sea mejor aplacar la ansiedad del Gobierno en ofrecer buenas noticias para los seis millones de desempleados. Si hace un año pronosticaba una evolución del empleo igual a la que hoy se estima, puede que a la tercera vaya la vencida y entonces no le crea ya nadie.

El lema que presidía el Presupuesto de 2013, ahora en estos Presupuestos para 2014 se ha convertido en Un esfuerzo sostenido para la recuperación. El crecimiento previsto en esta ocasión parece algo más realista que la absolutamente desatinada previsión del Presupuesto pasado. Pero las dudas persisten. La primera no es pequeña: ¿cómo lograr un crecimiento del consumo privado del 0,2% durante 2014? Durante 2013, el Gobierno estima que el consumo privado se habrá reducido en -2,6%, y todo hace indicar que la evolución de las rentas nominales será muy negativa durante el próximo año: los salarios en el sector privado parece difícil que se recuperen; en el sector público se congelarán los salarios de los funcionarios, y el empleo público seguirá la tónica de reducción en las plantillas.

Y junto a ello, los pensionistas solo verán revalorizada su pensión en el 0,25%. El año pasado no recuperaron 1,9 puntos de la desviación del IPC sufrida. Este año el IPC parece ir mejor. Pero la reforma de las pensiones planteada por el Gobierno seguro que no va a estimular el consumo entre nuestros pensionistas. La preocupación y la incertidumbre son las peores compañías para la mejora de la demanda. Además, de manera cada vez más intensa, las pensiones de nuestros mayores son también el soporte del consumo de sus hijos y en ocasiones de sus nietos. Todo lo que se quite en poder adquisitivo tendrá sus efectos en forma de menor consumo.

Así que, en resumen, rentas salariales en declive, pensiones semicongeladas durante una buena temporada, funcionarios con el salario también en el congelador, perceptores de prestaciones por desempleo reduciéndose en volumen y en la cuantía del subsidio. No parece un buen escenario para la recuperación del consumo.

Aun así, quizá la principal incógnita del escenario económico para el próximo año resida en la previsión de evolución de la inversión. El cuadro macro prevé que la inversión en bienes de equipo crezca un 2,7% (en 2013 habrá descendido un -0,3%). Por su parte, la inversión en construcción descendería el -1,7% cuando en este año ha caído el -10,3%, (más que en 2012, en el que se redujo el -9,7%). Pero la evolución de la inversión depende crucialmente del comportamiento del crédito, y no hace falta volver a recordar la situación del crédito en España. Esta todavía sigue siendo la gran asignatura pendiente de la política económica española. No saldremos si esto sigue así. Porque en esta materia todavía no hemos tocado fondo: los últimos datos conocidos son dramáticos, con descensos en el crédito interno que van camino de alcanzar tasas anuales de casi el -20%.

Cuando uno repasa los grandes capítulos de gasto de este Presupuesto y los compara con la evolución de otros años, las impresiones resumidas hasta ahora no mejoran. Si cometemos el error de compararlas solo con las del año pasado, podríamos ser víctimas de un desgraciado espejismo. El año 2013 y sobre todo 2012 han sido verdaderamente aciagos. La gestión del Gobierno logró que fueran aún peores de lo que todos preveíamos. Por eso es mejor que el Gobierno tampoco se fíe de este tipo de ejercicios. Aunque lográramos mejorar en 2014, en casi todas las materias importantes estaremos todavía peor, y en ocasiones mucho peor, de lo que estábamos en 2010 y 2011.

Valeriano Gómez es economista y portavoz de Economía del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados.