JOSÉ MANUEL BARROSO / Presidente de la Comisión Europea

“Hay situaciones de emergencia social”

José Manuel Barroso
José Manuel BarrosoDIMITAR DILKOFF / Afp

La periferia de la UE ha hecho notables esfuerzos, ajustes y reformas. Pero las economías del sur —y cada vez más países del corazón de Europa— no terminan de arrancar: apenas hay tímidas señales de recuperación, con una espiral peligrosísima que incluye una deuda pública al alza, un paro en máximos para muchos años e incluso los primeros amagos de crisis políticas. Sin el dictado de la troika, probablemente no hubieran llegado esos ajustes, pero a la vez esas políticas no acaban de sacar a los países del agujero y causan enormes destrozos en el tejido social. Son imprescindibles contrapartidas en países que se lo puedan permitir, como Alemania, y un mayor activismo en Bruselas y Fráncfort. El BCE está en modo reactivo, a la espera de Gobierno en Berlín. ¿Y qué hace Bruselas? Poco. Porque sigue sin tener los resortes adecuados, según sus responsables.

“En la Unión hay situaciones de emergencia social: el drama del desempleo es el más evidente. La Comisión Europea tiene proyectos ambiciosos, pero es injusto pedirnos cosas que no podemos hacer: algunas políticas siguen en manos de los Estados, el apetito por los cambios de tratados es inexistente y con nuestras competencias no es posible acometer una ofensiva mayor”, asegura José Manuel Barroso, presidente de la Comisión, en una entrevista con varios medios.

Barroso ha presentado esta semana la agenda social de Bruselas, que consiste en incorporar una serie de marcadores —indicadores como el paro juvenil o el porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan, por ejemplo— para detectar los problemas más acuciantes. “No es un Big Bang”, reconoce Barroso, “pero ahí están también los proyectos de abrir los mercados de trabajo europeos [solo el 4% de los empleados en la UE son inmigrantes europeos]. Se han puesto en marcha iniciativas contra el paro juvenil y el nuevo semestre europeo va a incorporar el diálogo social”. “Para hacer más cosas hay que traspasar competencias a Bruselas”, remacha.

El drama del desempleo es el más evidente

En algún momento a lo largo de la crisis, las instituciones europeas plantearon la posibilidad de crear un seguro de desempleo europeo, dentro de esa carrera hacia una cierta mutualización de algunos instrumentos, hacia una unión política que no acaba de llegar. El FMI reclama también ese seguro de paro común. Pero Barroso es tajante al respecto: “Los tratados son concluyentes y dejan las políticas de empleo en la esfera de los Estados”. “La mayoría de los países se opondría”, argumenta con un ojo puesto en Berlín. “No hay base legal y, no nos engañemos: la integración europea no ha dado pasos suficientes como para permitir ese salto adelante”.

Frente a quienes le acusan de observar impasible cómo se repite una y otra vez la maldición europea del demasiado tarde, demasiado poco, Barroso responde que la democracia tiene sus tiempos. Y no puede evitar una sonrisa pícara al referirse a los acontecimientos en EE UU: “¿Qué habría ocurrido en caso de un cierre administrativo en la UE? Puedo imaginarme el grado de ridiculización, de la saña en muchas reacciones. Que eso suceda en un país como EE UU demuestra que la democracia tiene sus propios ritmos. La famosa parálisis europea es una caricatura”.

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