Opinión
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Rentabilidad emergente

Los mercados financieros emergentes llevan retraso respecto al PIB, pero van ganando dimensión

Durante estos últimos años de tasas de crecimiento superiores a las de los países desarrollados, las economías emergentes han ganado cuota en el PIB mundial. El proceso no ha acabado y las previsiones anticipan que el 40% que estas representan actualmente se elevará hasta el 60% en un plazo de entre 10 y 15 años.

De forma paralela, otras variables también experimentarán un cambio en su importancia relativa. Nos referimos a los mercados financieros, y no solo a los de acciones, sino también al de renta fija. A la menor importancia del canal bancario en los países emergentes (vinculado, sin duda, al menor nivel de apalancamiento) se le suma un recurso a la financiación en los mercados de capitales, en proporción, más prematuro.

Así, el de bonos corporativos suma ya más de 800.000 millones de dólares. Ya ha alcanzado, por tanto, el tamaño del segmento de alta rentabilidad de EE UU y dobla el europeo. La distancia con el de grado de inversión (2,5 billones en EE UU y 2 billones en Europa) es todavía elevada todavía, pero es cuestión de tiempo que lo alcancen. Como también que se libere del lastre de tener que emitir en “moneda fuerte”, es decir, el dólar, en lugar de la moneda local. Un desajuste que, salvo que estén utilizando instrumentos de cobertura, es un factor de vulnerabilidad en caso de depreciación de las monedas en las que obtienen los ingresos (en la mayoría de los casos, la local).

Se trata de su particular una especie de “pecado original” que ya han purgado los Gobiernos, como pone de manifiesto el dinamismo reciente de las emisiones en monedas como el peso mexicano, el real brasileño o la lira turca. Pero los bonos corporativos de los países emergentes deben zafarse de otra percepción generalizada y equivocada: tener una “baja calificación crediticia”. De forma compatible con la mejora observada en los Gobiernos (en media su calificación ahora es BBB-, frente al BB- del año 2000), el 75% de los emisores tienen grado de inversión, pese a lo cual ofrecen un diferencial equivalente al de un grado especulativo de un país desarrollado.

En la actualidad, donde los diferenciales cotizan en mínimos históricos, esta discriminación tal vez no sea cuantitativamente muy relevante, pero sí lo suficiente para atraer a un buen número de gestores que están buscando rentabilidad extra para sus carteras. Como señalamos, la renta fija corporativa de los países emergentes reúne ya las características para considerarse una categoría de activo más, como demuestra la comercialización de varios fondos de inversión específicos. Desde una perspectiva geográfica, su composición está clara: dominan Asia y Latinoamérica, con un 33% y un 30%, respectivamente. Por sectores, el financiero es el sector más representado (con un 35%), seguido de gas y petróleo (15%) y telecomunicaciones (10%). Es obvio que un completo análisis de la coyuntura internacional exige cada vez más el estudio de las economías emergentes. Pero también el de sus mercados financieros, que, aunque con algo de retraso respecto a lo observado en el PIB, están ganando dimensión. Pero el proceso no ha hecho más que empezar.

David Cano y Daniel Suárez son profesores de la Afi, Escuela de Finanzas Aplicadas.

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