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La Comisión estudia eliminar las monedas de uno y dos céntimos de euro

Están en circulación 46.000 millones de estas monedas; 137 para cada uno de los europeos

Una pregunta al lector: ¿cuántas veces ha pagado usted algo con una moneda de uno o dos céntimos? La Comisión Europea ha abierto una consulta entre Estados, bancos, empresas y organizaciones de consumidores para analizar, entre otras posibilidades, si Europa debería retirar de circulación las denominaciones más pequeñas de la moneda única. Bruselas elegirá entre cuatro posibilidades (una de ellas, mantener las cosas como están) tras el periodo de consultas y redactará legislación al respecto.

Desde la introducción del euro, en 2002, una de cada dos monedas acuñadas ha sido de uno o dos céntimos: un total de 46.000 millones de unidades. O, dicho de otra manera: 137 monedas para cada uno de los europeos. Según un estudio de la Comisión Europea, el motivo es que, aunque, los europeos demandan estas monedas ― como cambio ― raras veces las utilizan, yendo a parar al fondo de los cajones, a las huchas o como amarracos para jugar a las cartas.

En consecuencia, los bancos centrales se ven obligados a emitir más. Y esto no sale barato. Aunque todas estas monedas en circulación valen en total alrededor de 714 millones de euros, fabricarlas, según los cálculos de la Comisión, ha costado 1.400 millones más que esa suma.

El precio de los metales ha crecido espectacularmente en los últimos años. El cobre, con el que se chapan las pequeñas monedas, vale un 425% más hoy que hace 11 años. La composición de las monedas está fijada por la Comisión: una de las posibilidades sería cambiar los ingredientes utilizados para hacer cada moneda, lo que, según Bruselas, "podría reducir los costes de producción", pero "no acabaría con los costes adicionales de manejo y distribución".

La Comisión estudia dos posibilidades para retirar las monedas de circulación. Una de ellas implicaría eliminar ambas denominaciones directamente e implantar unas reglas de redondeo obligatorias para toda la Unión (como ya existen en Finlandia y los Países Bajos). Otra opción sería hacer que los Estados miembros dejasen de emitir estas monedas y que fuesen progresivamente desapareciendo.

Finlandia implantó el sistema sueco de redondeo antes de la entrada en vigor de la moneda única en 2002. Según ese sistema, al pasar por caja las facturas terminadas en 1, 2, 6 y 7 céntimos se redondean obligatoriamente a la baja, mientras que las que acaban en 3, 4, 8 y 9 céntimos se redondean al alza. Tras un periodo de experimentación, en 2004 los Países Bajos siguieron el ejemplo e implantaron el sistema.

Según la Comisión, la implantación del redondeo en estos países, al contrario de lo que se esperaba, no ha generado un aumento significativo de los precios. Bruselas argumenta que al aplicarse el redondeo a la factura final y no a los precios individuales de los productos, el potencial inflacionario queda limitado.

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