Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Bruselas redobla la presión: “La alternativa al rescate es la quiebra”

La Comisión asegura que el impuesto “no satisfacía completamente” al Ejecutivo comunitario

Delia Velculescu e Isabel von Koppen Mertes, la jefa de la troika y la representante del BCE en Chipre, se ríen dentro de un coche, este miércoles en Nicosia.
Delia Velculescu e Isabel von Koppen Mertes, la jefa de la troika y la representante del BCE en Chipre, se ríen dentro de un coche, este miércoles en Nicosia. AP

Tensa calma. El BCE tiene la llave de la bombona de oxígeno que conecta a los bancos chipriotas con la vida. No solo a los chipriotas, pero esa es otra historia. Y Fráncfort, sede del BCE, lleva días apretándole las tuercas a Nicosia pese a que su presidente, Mario Draghi, no compareció en el Eurogrupo del viernes, en lo que supone la ausencia más extraña de esta reverberación de la crisis europea. Bruselas se ha sumado a esa estrategia de la tensión con declaraciones cada vez más subidas de tono: la Comisión Europea y el Consejo redoblaron las presiones para que Nicosia apruebe de forma fulminante el rescate y encuentre una fórmula (no importa cuál mientras se trate de un impuesto a los depósitos que aporte 5.800 millones) para completar el salvavidas europeo.

“La situación de Chipre es perjudicial; debe resolverse lo antes posible”, dijo el presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, ante el Europarlamento. En un vídeo grabado hace solo dos semanas, Van Rompuy ironizaba con la idea de que el euro ha sorteado lo peor de la crisis “y sigue siendo sexy”. Pero Chipre ha borrado la sonrisa de los labios de los líderes europeos. “El tiempo apremia: no es una cuestión de semanas”, destacó Van Rompuy. En la misma comparecencia, uno de los vicepresidentes de la Comisión, Maros Sefcovic, apuntó que la alternativa al rescate “es la bancarrota”.

Sefcovic se vio obligado a sustituir al presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, que en principio tenía que asistir a esa sesión en la Eurocámara, pero a esas horas viajaba ya hacia Moscú, camino de una cumbre UE-Rusia que no entraba en los radares de casi nadie y de pronto es prácticamente fundamental para el devenir de Chipre.

El líder de los liberales en el Parlamento Europeo, Guy Verhofstadt, ha llegado a pedir una investigación para que se aclare qué sucedió en el Eurogrupo del fin de semana. Porque la ceremonia de la confusión sigue en Bruselas: la Comisión ha emitido un comunicado de apremio a Nicosia que ha dejado un par de novedades. Una: el pacto en el Eurogrupo sobre el rescate y el gravamen a los depósitos chipriotas fue unánime, pero no satisfacía “las preferencias” de la Comisión, que aun así ha evitado pronunciarse en público acerca de qué quiere exactamente. Y dos: Chipre debe presentar un escenario alternativo, según la Comisión, que ahora se decanta con claridad por un plan que no imponga castigo a los depósitos de menos de 100.000 euros, la cifra asegurada por los fondos de garantía.

El líder de los liberales en el Parlamento Europeo ha pedido investigar para que se aclare qué sucedió en el Eurogrupo del fin de semana

El desenlace del problema chipriota es inminente, pero en el muy corto plazo solo se divisa niebla. El vicepresidente Olli Rehn ha cancelado una rueda de prensa para no dar explicaciones. Rehn, que tenía previsto viajar a Moscú para la cumbre bilateral con Rusia, ha decidido permanecer en Bruselas “para estar completamente disponible” ante posibles contactos con el BCE, el FMI y los países del euro “en las próximas horas o en los próximos días”. Ni siquiera hay claridad respecto a lo sucedido: es evidente que Alemania impuso que sean en parte los chipriotas quienes tapen una parte del agujero para que la factura no sea tan elevada. Y que el FMI, Berlín y sus aliados, e incluso el propio Rehn, querían castigar a los depositantes para dar un escarmiento a los rusos. Pero fue Chipre quien decidió que el gravamen afectara también a los depósitos por debajo de los 100.000 euros, según las fuentes consultadas. Nadie quiso ver los efectos de esa medida la madrugada del sábado. Hasta que los mercados pusieron el despertador de la crisis del euro.

Más información