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OMC

Se busca director de la OMC

Lamy dejará el cargo a finales de agosto con la Ronda de Doha al borde del fracaso

Lamy, actual director de la OMC, en una conferencia en Rusia esta semana.
Lamy, actual director de la OMC, en una conferencia en Rusia esta semana. Reuters

El próximo 29 de enero el 154 de la tranquilla calle de Laussane, en Ginebra, vivirá un inusual ajetreo. Será el primer día en que los nueve candidatos a sustituir a Pascal Lamy, director general de la Organización del Comercio Mundial (OMC), comparezcan ante el consejo general de la organización para explicar sus proyectos. Sorprendentemente, entre los nueve candidatos no hay ninguno que proceda de una de las grandes economías del mundo —Estados Unidos, Europa, Japón o China— que representan más del 55% de las exportaciones mundiales, según recordaba Arvind Subramanian, analista del Instituto Peterson de Economía Internacional. “Eso es tanto una metáfora de lo que aqueja al organismo supervisor del comercio mundial como una señal de sus débiles perspectivas”, remataba Subramanian.

La incapacidad de sacar adelante la Ronda de Doha de liberalización comercial y la proliferación de acuerdos comerciales bilaterales han restado peso específico al organismo multilateral en estos años y ponen en riesgo su supervivencia futura. “Si la OMC quiere sobrevivir deberá elaborar una auténtica agenda del siglo XXI y no con cuestiones más propias del siglo XIX o del siglo XX. Hay que salvar a la OMC de Doha”, sostiene Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano y profesor de Análisis Económico de la Universidad Autónoma.

Sin embargo, para Mikel Aguirre, profesor asociado de Economía de IE Business School, el concepto de la OMC es más actual que nunca. “Hace 15 años eran los países de mayor renta —Europa, Estados Unidos y Canadá— quienes cantaban las bondades de la liberalización comercial y la reducción de aranceles a los entonces países emergentes. Hoy, esos países, que ya han emergido y que podríamos denominar como países de menor renta, han abrazado totalmente esas tesis y lo que quieren es que sean los países desarrollados los que levanten sus barreras arancelarias y comerciales”, apunta.

Lo cierto es que ya son 12 años de negociación sobre Doha sin que se hayan cerrado sus conclusiones, ni siquiera desde el supuesto peso político de su actual director, el francés Pascal Lamy y antiguo comisario europeo de Comercio. “En parte es culpa de la propia Doha, que es una agenda demasiado ambiciosa, pero en parte es también como consecuencia de la crisis. Entre 2007 y 2008 Lamy casi estuvo a punto de lograr un acuerdo, pero una vez que estalló la crisis de Lehman Brothers [en septiembre de 2008] ya fue imposible”, recuerda Steinberg.

Ninguno de los grandes países desarrollados ha presentado un candidato al puesto

El mundo tampoco es hoy el que era cuando se lanzó la última ronda de liberalización comercial. En las dos o tres últimas décadas el multilateralismo era la referencia de la política comercial global y del proceso de globalización. Ya no lo es. La imposibilidad de avanzar en la agenda de Doha, en parte porque debe alcanzarse un compromiso único, con el que todos estén de acuerdo sin excepciones, ha dado lugar a la proliferación de acuerdos comerciales bilaterales, en los que los países más poderosos parten, en principio, con ventaja. Subramanian advierte que estos acuerdos, hasta el momento, no han puesto en peligro la OMC porque ninguno de ellos era entre las principales potencias comerciales. “Lamentablemente, eso está a punto de cambiar”, apuntaba.

Estados Unidos ha lanzado negociaciones para un acuerdo transpacífico, que excluiría a China y podría incluir a Japón. Más aún. La presidencia irlandesa de la UE se ha marcado como uno de sus principales objetivos en este semestre el iniciar conversaciones comerciales para un acuerdo comercial Estados Unidos-Unión Europea, que ha contado con el apoyo de la secretaria de Estado saliente, Hillary Clinton. De materializarse, el acuerdo podría asestar un duro golpe, quizás mortal, a la OMC.

En esas circunstancias, no será fácil hacerse cargo de la organización. Si hacemos un amago de geopolítica con la lista de candidatos, parece probable que la dirección de la OMC recaerá a partir del 1 de septiembre en un representante de un país denominado emergente. Dado que un surcoreano de origen, el ministro de Exteriores y Comercio, Taheo Bark, contaría con menos posibilidades en la carrera. Lo mismo que el ministro neozelandés de Comercio y Cambio Climático, Tim Groser, ya que otro compatriota, Mike Moore, fue presidente de la organización entre 1999 y 2002. La lista la completan el exministro jordano de Industria y Comercio Ahmad Hindawi; la diplomática keniana Amina Mohamed; la ministra indonesia de Turismo e Industrias Creativas, Mari Pangestu; el exministro de Comercio ghanés, Alan John Kwadwo Kyerematen; y tres candidatos latinoamericanos: el embajador de Brasil ante la OMC en Ginebra, Roberto Azevedo; la ministra costarricense de Comercio Exterior, Anabel González, y el economista y político mexicano Herminio Blanco. Estos dos últimos aprovecharán su participación en el Foro Económico Mundial que se celebra la próxima semana en Davos (Suiza) para hacer campaña y acelerar contactos.

“Es verdad que la OMC ya contó con un director general procedente de un país emergente —Supachai Panitchpakdi, tailandés, entre 2002 y 2005—, pero no se puede comparar su peso político con el de alguien procedente de alguna de las grandes economías mundiales”, aventura Mikel Aguirre. “Lo lógico es que en las actuales circunstancias fuera un miembro de alguna de las economías BRIC (acrónimo de Brasil, Rusia, India y China)”, remata. Steinberg no cree que la nacionalidad sea un factor tan decisivo porque “si Lamy no ha podido cerrar un acuerdo sobre Doha dudo que ninguno de estos candidatos puedan, al carecer del peso político del francés. Aunque es cierto que el brasileño es un candidato muy potente”.

La organización debe reformarse para asegurar su supervivencia

Por ahora, candidatos y expertos coinciden en la necesidad de que la organización se reforme para garantizar su supervivencia. Con casi cinco años de crisis financiera a sus espaldas, los riesgos de proteccionismo son crecientes, como lo constatan los amagos de guerra de divisas entre distintos gigantes exportadores. La liberalización de los servicios ya se está produciendo al margen de la OMC mientras que muchas otras cuestiones como la crisis alimentaria, la energía, el medio ambiente o los fondos soberanos carecen de un organismo internacional que canalice la problemática comercial que plantean. “Pero, sobre todo, debe aceptar que no todos los acuerdos se pueden alcanzar por unanimidad, debe aceptar las geometrías variables y los acuerdos parciales sectoriales”, urge Steinberg.

Sin esos cambios, el analista del Peterson Institute cree que la OMC se limitará a ejercer como árbitro en los litigios comerciales. “A no ser que haya cambios, la OMC no podrá cumplir con su mandato de ser un foro. Y sin eso, quedará reducido a un organismo que media en las disputas comerciales entre países”, concluye.

Acuerdo para mayo

En realidad, el proceso de selección del próximo director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC) arrancó el pasado 1 de diciembre, cuando empezó el plazo de un mes para que los 157 países miembros presentaran sus candidaturas al cargo. La lista se cerró el 31 de diciembre pasado con nueve candidatos que expondrán sus principales proyectos para la organización ante el Consejo General los próximos días 29 y 30 de enero, en la sede del organismo en Ginebra. A partir de ahí se abre un proceso de dos meses de consultas, debates y presentaciones para que los miembros conozcan a los candidatos con detalle. El proceso de nombramiento termina con una reunión del Consejo General convocada a más tardar para el próximo 31 de mayo, en la que se debe adoptar la decisión definitiva de nombrar a un nuevo director general aunque no será hasta el 1 de septiembre cuando asuma oficialmente su nuevo puesto.

Muchos candidatos ya han empezado a hacer campaña por su cuenta con viajes a distintos países para recabar apoyos e incluso algunos, como el brasileño Roberto Azevedo, ya han logrado el compromiso oficial de países como Bolivia y Uruguay de que votarán su candidatura. España aún no se ha pronunciado al respecto.

“Es el mismo procedimiento que se siguió para la elección de Pascal Lamy. Se puso en marcha en 2002, después de la incapacidad del organismo para elegir un candidato en 1999 y que llevó a la OMC a estar cuatro meses sin un responsable visible”, explican fuentes oficiales del órgano supervisor del comercio mundial.

El candidato elegido lo será para un plazo de cuatro años con la posibilidad de ser reelegido en una ocasión, hasta completar un total de ocho años de mandato. “En realidad el director general no tiene poder real porque es el consejo general el que toma las decisiones, pero sí puede sentar las líneas de trabajo para lanzar un nuevo proceso”, dicen desde la OMC.