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Chipre, al borde del rescate

Las exigencias de capital de la banca auguran una intervención a finales de junio

Turistas en una playa al sur de Chipre.
Turistas en una playa al sur de Chipre. AFP

En su última comparecencia ante el Parlamento, el gobernador saliente del Banco Central de Chipre, Azanasios Orfanidis, hizo una gráfica descripción de la situación económica del país: “Hemos estado gastando como si no hubiera mañana”. Si la crisis se hubiera definido así, de un plumazo, no habrían corrido tantos ríos de tinta, pero en Chipre la sangre aún no ha empezado a manar: las dificultades de su sistema bancario son la punta de un iceberg en el que puede encallar una economía hasta no hace mucho saneada, con miles de empresas extranjeras radicadas en la isla —gracias al tipo del 10% del impuesto de sociedades— y una tasa de ocupación casi plena (hace solo tres años, el paro rondaba el 3%).

Dos entidades, Banco de Chipre y Laiki Bank, tienen un agujero de unos 3.000 millones de euros por su exposición a la deuda griega y a los efectos de la quita del 50% de la misma. Esta es la razón por la que desde noviembre de 2010 Moody’s, Fitch y S&P han rebajado varios escalones la calificación de la deuda chipriota y el nubarrón que ensombrece los pronósticos del Gobierno a corto y medio plazo. Sobre el más expuesto de los dos, Laiki Bank, arrecian los rumores de una intervención inminente del Estado.

El HSBC vendió en 2006 por 235 millones de dólares su participación en Laiki Bank (el 21,6%) al grupo griego Marfin Financial, el hedge fund británico Tosca y la matriz chipriota del banco, de igual nombre. Tras meses de dimisiones en cadena en la cúpula de la entidad, la nueva dirección ha intentado hallar una solución con el VTB, el mayor banco de capital estatal ruso, pero las negociaciones no han dado resultado.

Para evitar la quiebra, Laiki Bank necesita unos 2.000 millones mientras al Banco de Chipre le bastarían 600 (en marzo reunió 400 mediante la emisión de acciones y títulos de deuda convertibles); pero si ambos no consiguen ese capital antes de finales de junio, como exige Bruselas, deberán recurrir al Estado y este, que no dispone de fondos ni puede captarlos en el mercado, apelará al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.

Laiki Bank y Banco de Chipre tienen un agujero de unos 3.000 millones

El hipotético rescate de los dos bancos —o, al menos, de Laiki— se topa con una coyuntura especialmente desfavorable, pese a la confirmación, el año pasado, de la existencia de gas natural en aguas chipriotas o a la oportunidad de reinventarse como centro de negocios regional, como fue en tiempos de la guerra civil libanesa, con Siria a dos pasos y un rediseño geoestratégico que también implica a Israel. “Admitimos que es un periodo malo para toda la UE, y Chipre no es una excepción”, explicaba hace dos semanas a este diario Ilias Malís, de la oficina del ministro de Finanzas, en Nicosia. “El contexto externo es desfavorable en la eurozona, pero también en Reino Unido, con quien tenemos relaciones tradicionales [Chipre fue colonia británica hasta 1960]. Tres son los desafíos principales de nuestra economía: la consolidación fiscal, el crecimiento y la debilidad del sector bancario”.

“El sector bancario”, continúa Malís, “es muy grande para el tamaño del país”, de 9.000 kilómetros cuadrados y con 1,1 millones de habitantes (la parte bajo ocupación turca incluida). “Tres entidades están expuestas a los bonos griegos, y una de ellas, Laiki Bank, es especialmente problemática. Antes del fin de junio debemos hallar fórmulas para refinanciarlo. Pero soy razonablemente optimista: ningún banco c va a quebrar. Todo está bajo control en términos de estabilidad macroeconómica. Solo debemos resolver la cuestión de los bancos”.

Chipre sufre la crisis algo menos que otros socios de la eurozona y el Gobierno, por boca de Malís, no desaprovecha ocasión para recordar que su previsión de déficit cumple las exigencias de Bruselas antes de lo previsto: para 2012 se prevé que se sitúe en el 2,7%, tres décimas por debajo del tope del 3% exigido para 2013. Para ello, ha congelado dos años las pensiones y los salarios de los funcionarios y ha aprobado una reducción del tamaño del sector público, con la extinción de tres de cada cuatro puestos que queden vacantes por jubilaciones o bajas. También se plantea subir el IVA.

La exposición a la deuda griega y los efectos de la quita lastran al sector

El desempleo alcanza ya el 9,5% (frente al 7,7% de 2011) pero llega al 19% entre los jóvenes y golpea al 25% de los titulados superiores. “La libre circulación ha complicado mucho la dimensión del paro en Chipre; muchos griegos y europeos del Este vinieron aquí a trabajar cuando la crisis comenzó a afectar a sus países, y ahora se han quedado sin trabajo”, apunta Andreas Mavroyanis, viceministro para Asuntos Europeos. El desempleo se nota fundamentalmente en tres sectores: construcción, turismo y manufacturas. La deuda exterior podría ser la envidia de países como Grecia o Italia: este año será solo del 71,7% del PIB.

Pero la dependencia exterior va mucho más allá de esas cifras. “La economía chipriota vive de los rusos”, afirma Andreas Parasjos, director del semanario Kathimerini; “hay muchas offshores rusas, una comunidad de expatriados de 30.000 personas y todo un centro de operaciones, en Limasol”. De hecho, “la mayor parte de nuestras necesidades para 2012 —3.200 millones— están cubiertas por un préstamo de Rusia por valor de 2.500 millones”, recuerda Ilias Malís. Según Parasjos, la presencia rusa no está relacionada con el descubrimiento de gas natural. “El gas apareció el año pasado, y los rusos llevan aquí más tiempo, pero es comprensible, porque Chipre es el único lugar de la región donde obtener beneficios: un país europeo en Oriente Próximo”, apunta.