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El pionero Banco Verde británico

Reino Unido lanzó en 2010 un proyecto para impulsar la inversión privada en la transformación del sector energético

El Banco Verde de Inversiones (GIB en sus siglas en inglés) es una idea pionera lanzada en marzo de 2010 por el Gobierno laborista británico y desarrollada por la coalición de conservadores y liberales que surgió de las elecciones generales de aquel año.

El objetivo del banco es captar inversión privada para impulsar la transformación del sistema energético británico, para lo que se requieren unas inversiones de hasta 200.000 millones de libras (245.000 millones de euros) desde ahora hasta el año 2020. ¿Cómo? Garantizando que el banco absorberá las pérdidas iniciales en la construcción y puesta en marcha de los proyectos, compromisos de refinanciación de los proyectos a largo plazo y buscar capital adicional en los mercados. Es decir, no se trata tanto de invertir dinero público como de garantizar al capital privado que sus inversiones en el arriesgado sector ecológico no producirán pérdidas.

El banco estará dotado de un capital inicial de 3.000 millones de libras a cuenta del Estado y deberá contar con la aprobación de la Comisión Europea en materia de legislación de la Competencia.

El proyecto tiene tres fases. Una primera etapa de “incubación”, ya en marcha, con inversiones directas del Gobierno. Una segunda de “establecimiento” cuando Bruselas de luz verde, probablemente a principios de 2013. Y una tercera etapa, a partir de 2015, en la que el GIB tendrá ya poderes para endeudarse, siempre y cuando se hayan cumplido los objetivos de reducción del déficit público.

El banco operará de forma independiente pero de acuerdo con los objetivos estratégicos acordados por el Gobierno. Su sede estará en Edimburgo, tendrá entre 50 y 100 empleados y su objetivo es financiar proyectos verdes como energía eólica marítima, plantas de reciclaje y procesamiento de residuos, energía creada a partir de residuos o mejora de la eficiencia energética no doméstica.