Berlusconi tendrá que someter las reformas a la aprobación del Parlamento

El presidente de la República, Giorgio Napolitano, le obliga a consultar a la Cámara la gran enmienda a los presupuestos

Sin un discurso claro ni creíble, amenazado por sus socios en el Gobierno, enemistado con su ministro de Economía y cuestionado dentro y fuera de Italia, Silvio Berlusconi ya solo es capaz de tomar las medidas que le pide Bruselas bajo la supervisión directa del presidente de la República, Giorgio Napolitano, quien ante la extrema gravedad de la situación saltó ayer al terreno de juego. Al final del Consejo de Ministros más tenso de la legislatura, Berlusconi no tuvo más remedio que renunciar a las medidas que tenía previsto aprobar por decreto ley y, a cambio, anunció una gran enmienda a sus propios presupuestos -ahora en plena elaboración que tendrá que someter a la aprobación del Parlamento.

Más información
El Gobierno italiano aprueba algunas de las reformas prometidas a la UE
Papandreu acepta adelantar el referéndum
Berlusconi acude a Bruselas con un pacto de mínimos sobre pensiones
Berlusconi estudia nuevos recortes ante la presión de los países de la UE
El agujero en el cubo de Europa
La suspensión de una reunión previa a la cumbre de la UE dispara la alarma en los mercados
Italia paga el precio más alto desde 2008 por su deuda a corto plazo
Bruselas advierte a Roma de que sigue esperando las reformas
Merkel y Sarkozy reclaman sacrificios "creíbles" a Italia
El G-20 promete "tomar todas las medidas" para sostener a la banca

Napolitano, después de una ronda de consultas con los principales líderes políticos, se mostró contrario a que el Gobierno aprobara, sin el respaldo expreso de la Cámara, medidas que puedan trastocar el sistema de vida de los italianos. Il Cavaliere renunció pues a sacar adelante una amnistía fiscal a los morosos que regularicen su situación, la reintroducción del impuesto de patrimonio y la retirada obligatoria de un pequeño monto de dinero de todas las cuentas bancarias. Otras medidas que sí parecen tener la vía libre son la enajenación de bienes públicos y la liberalización y recorte de algunos servicios públicos. Si bien, ni la aprobación de las medidas garantiza la continuidad de Berlusconi al frente del Gobierno.

Napolitano, quien goza en Italia de todo el respeto del que carece Berlusconi, citó ayer a consulta en el palacio del Quirinal a diferentes líderes políticos y también a algunos miembros del equipo de Gobierno como el titular de Economía, Giulio Tremonti. Ya que Berlusconi no da el paso atrás que le pide el clamor general, Napolitano decidió dar él un paso adelante. A la debilidad de Italia se une la falta de credibilidad de su Gobierno. Berlusconi, obligado de pactar con unos y con otros para mantenerse en el poder -su única garantía de que los jueces no logren alcanzarlo con los procesos abiertos-, ha dado muestras sobradas de no tener un plan para salir de la crisis. De hecho, es revelador que pese a las jornadas de vértigo que está viviendo el país -señalado por los expertos como el próximo a transitar la senda de Grecia-, ni él ni Tremonti ni nadie con peso en su Gobierno haya abierto la boca. Se trata de un gobierno mudo, noqueado, a remolque de los acontecimientos, incapaz de hacer los deberes que por pasiva y por activa le viene reclamando Bruselas. Y, antes que Bruselas, los agentes sociales. Anoche, el país solo miraba al Quirinale esperando la solución que el presidente de la República haya podido encontrar.

"Queremos agradecer a Napolitano", declaró Pierluigi Bersani, el secretario del izquierdista Partido Democrático (PD), "por la atención y el empeño que está demostrando en un momento crucial para el país". También acudieron a la cita informal con el presidente de la República representantes del centro político italiano. Pier Ferdinando Casini, líder de Unión de Centro, quien acudió al Quirinal en compañía de los representantes de Futuro y Libertad y de Alianza para Italia, explicó de forma muy clara la situación: "Las medidas corren el peligro de transformarse en sacrificios inútiles si no se quita el lastre principal: la falta de credibilidad de Berlusconi en la comunidad internacional". Traducción libre: Casini y el resto de los representantes políticos estarían dispuestos a apoyar un gobierno de emergencia, liderado por quien sea salvo por Berlusconi.

El único balón de oxígeno para Berlusconi procedió del administrador delegado de la empresa energética Enel (propietario de la española Endesa), Fulvio Conti, quien, sin salirse de la petición general de medidas urgentes, advirtió de que en Italia ya "existe un Ejecutivo" y que debe ser ese Gobierno el que tome las decisiones. Eso sí, añadió que tales pasos deben darse "lo antes posible para dar confianza a los mercados".

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS