La crisis del euro

El giro dramático de Atenas a la "solución definitiva"

Con el referéndum, Papandreu pretende ganar legitimidad interna y poder de negociación frente a los socios europeos.- Pero lo hace a costa de arriesgar el incipiente acuerdo de la UE y de romper su mayoría parlamentaria.-Si el órdago acaba en farol, Grecia puede verse abocada a quebrar y salir del euro

¿Qué es lo que cuestiona el referéndum? El pasado jueves, a las cinco de la madrugada, los líderes europeos anuncian a bombo y platillo una solución "integral, definitiva" para Grecia. Los mercados reciben las medidas con fuertes subidas. Y sin embargo, Papandreu da un giro dramático al anunciar un referéndum sobre los pactos de Bruselas, que no solo cuestiona la "solución definitiva" para Grecia, sino que pone en jaque el paquete completo: la recapitalización de los bancos, el fondo de rescate (EFSF, por sus siglas en inglés) y la quita pactada con los bancos para Grecia. Todo ello era consecuencia de la crisis griega. Todo ello está íntimamente relacionado: la quita de Grecia exige un nivel determinado de recapitalización, y un tamaño del fondo de rescate para evitar el contagio hacia Italia y España. Y todo ello está en el alero si ganara un no al rescate en Grecia el próximo diciembre, que podría llegar a suponer una salida del euro y, por tanto, una suspensión de pagos desordenada.

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¿Cuáles son los motivos de Papandreu? El más inmediato es la búsqueda de legitimidad interna: los sucesivos planes de austeridad impuestos por la UE y el FMI a Grecia han laminado su credibilidad, su apoyo en las calles. Las huelgas y las manifestaciones, a veces violentas, están a la orden del día. Con el referéndum, Papandreu se legitima, aunque no lo va a tener fácil: el 60% de los griegos veían el acuerdo de Bruselas como "negativo", según una encuesta publicada el sábado. En esa misma encuesta, más de un 70% de los consultados apostaban por seguir en la zona euro. Y es esa disyuntiva la que va a explotar el primer ministro griego: un resultado positivo le blindaría ante la oposición, que ya pide elecciones anticipadas. Y, quizá más importante aún, ante su propio partido. El entorno del ministro de Economía y hombre fuerte del Pasok, Evangélos Vénizélos, deslizó que no sabía nada de la propuesta de referéndum hasta que Papandreu la anunció. Y varios parlamentarios amenazan con dejar el grupo socialista y sabotear, incluso, la moción de confianza que debe votarse este viernes. Por último, Papandreu intenta gana poder de negociación ante sus socios europeos. El plan de rescate no está cerrado: hay que negociar aún y tanto la canciller Angela Merkel como otros países europeos reclaman nuevas medidas de austeridad a Grecia. Demasiada presión irritará aún más a los ciudadanos griegos. El referéndum funciona así como un órdago.

¿Puede haber contagio? Los mercados ya se dieron ayer la vuelta para cubrirse ante la eventualidad de que se produzca una catástrofe (esto es, una salida de Grecia del euro y el consiguiente pánico entre los inversores). Italia es la siguiente ficha del dominó: si Italia cayera, sería el fin del euro, según explicó hace unos días el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Inmediatamente después, España. Pero Italia y España son ya piezas mayores. Se supone que ni Berlín, ni París, ni Bruselas ni el BCE (que es quien tiene la llave para frenar ese contagio) van a dejar que el fuego llegue tan lejos. Eso sí, los nervios en Roma están ya a flor de piel: el ministro de Asuntos Exteriores italiano, Franco Frattini, ha acusado hoy a Sarkozy de alimentar un "ataque especulativo" contra Italia. Son palabras. Pero las cosas empiezan a torcerse cuando empieza una escalada de declaraciones.

¿Para qué diablos sirvió la cumbre europea? El pasado 21 de julio, los líderes europeos salieron con la cantinela de la solución definitiva. Los mercados subieron durante dos días, y al tercero llegó una tormenta de verano huracanada, en los mercados de deuda, en las Bolsas, en las divisas y en general en todos los mercados, que obligaron a los líderes a ir más allá. El pasado jueves pusieron negro sobre blanco la nueva "solución definitiva", y la historia se ha repetido: dos días plácidos y, tras el anuncio de referéndum en Grecia, el huracán. En realidad, el jueves no hubo tal solución definitiva, sino una patada hacia adelante: los cimientos del acuerdo estaban puestos pero faltaban multitud de detalles. Entre esos detalles, las nuevas medidas de ajuste para Grecia. Y los griegos no parecen dispuestos a más sacrificios, como ha acabado asumiendo el propio primer ministro.

Y a todo esto, la banca española ¿no era la que peor estaba? La recapitalización bancaria cayó como un mazazo para la gran banca española: necesita 26.000 millones, una cuarta parte de lo que requieren los grandes bancos europeos, solo ligeramente por detrás de los griegos, que están prácticamente quebrados. Se suponía que el castigo sería mayor para los bancos que tienen más exposición a deuda soberana de los países con problemas: las entidades alemanas y las francesas. Pero la banca germana y la gala solo necesitan 5.000 y 8.000 millones, respectivamente. Con el incendio en los mercados, llega la prueba del algodón de los inversores. Hoy cae con fuerza todo el sector bancario. Pero unos más que otros: en Francia, Italia y Alemania, varios bancos caen más del 10%. En España, entre el 5% y el 6%.

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