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Trichet regaña a Berlusconi

El presidente del Banco Central Europeo insiste en que el Gobierno italiano debe cumplir con el plan de ajuste.- "Italia y España fueron salvados por el BCE", recalca el expresidente Aznar

"Considero esencial que Italia confirme y alcance los objetivos de saneamiento económico". "El BCE no puede sustituir a los Gobiernos". Son palabras que Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, pronunció este sábado en el Foro Ambrosetti, que cada año, a principios de septiembre, reúne en Cernobbio a la flor y la nata de la economía mundial. En la plácida localidad en la orilla del lago de Como, al norte de Milán, era el día de Trichet. El banquero francés se aproxima al final de su mandato (en noviembre dejará las riendas del BCE al italiano Mario Draghi, actual director del Banco de Italia) y es menos cauteloso de lo habitual. Su discurso sonó como una advertencia arrojada a Roma. El sentido llegó fuerte y claro: o Italia da muestra de querer alcanzar el equilibrio en su presupuesto de 2013, poniendo en marcha medidas inmediatas y decididas, o el BCE podría cansarse de socorrer sus títulos de Estado en el mercado.

Muchos ministros estaban presentes en la audiencia. Entre ellos, Giulio Tremonti, titular de Economía, que tiene entre manos el nuevo plan de ajuste, valorado en 45.000 millones, y que lo ve adelgazar día a día: el primer ministro Silvio Berlusconi ha sacrificado algunas iniciativas a la estabilidad interna, complaciendo los aliados federalistas de la Liga Norte. Cada iniciativa eliminada se compensa con una previsión mayor del dinero que se recaudará por la lucha contra la evasión fiscal, una solución que no convence a las autoridades europeas.

"Hay que realizar reformas estructurales fuertes para evitar que se ahogue la productividad. Sobre todo en Italia. No es suficiente controlar la inflación para luchar contra la crisis y la recesión", clamó el presidente del BCE, dejando vislumbrar su inquietud la de las instituciones comunitarias por el baile de medidas. "La crisis global continúa", avisó Trichet. Ha transcurrido un mes desde que pidió con insistencia intervenciones rápidas a cambio de comprar bonos italianos y capear la crisis de los títulos de Estado, devaluados más que los españoles. El BCE mantuvo su promesa: adquirió hasta ahora unos 35.000 millones de bonos italianos. Roma no mucho.

El plan de ajuste de 45.000 millones que en dos años debía garantizar al país el déficit cero perdió sus patas más robustas y la gran parte de las entradas que debería inyectar en las arcas públicas quedan vinculadas a la lucha contra la evasión fiscal: intento noble, en un país donde el deporte de esquivar la agencia tributaria es muy difuso, pero del que no se puede cuantificar con antelación el resultado. Del plan se han caído la reforma del sistema de las pensiones, el impuesto de solidaridad para las rentas altas, el recargo a los patrimonios, la agrupación de entidades locales; hasta se retiró la idea de celebrar el domingo las fiestas no religiosas para evitar los puentes y aumentar los días productivos. Todavía no se ha presentado el proyecto de ley para imponer por Constitución el equilibrio del presupuesto ni se subió el IVA: todas fueron medidas anunciadas más o menos oficialmente por el Ejecutivo y luego retiradas, cuando la fiebre de los mercados se había calmado tras el subidón de principios de agosto.

La incertidumbre en la iniciativa del equipo de Berlusconi sería un episodio más del estancamiento de la política autóctona si no pusiera el país en peligro de comprometer la situación económica de la zona euro: la diferencia entre los bonos italianos y los alemanes volvió a subir. La intervención del BCE no va a ser suficiente. Lo piensa también José María Aznar, expresidente del Gobierno español, que también asistió a la cita de Cernobbio: "Los inversores entienden que la deuda italiana es el doble de la española -contesta al Corriere della sera-; eso la hace más vulnerable, ya que la deuda importa mucho en una perspectiva de crecimiento escaso y en medio de una crisis". Y respecto a la intervención de Trichet sobre los títulos de Roma y Madrid añadió: "Es un gran fracaso para los Gobiernos. Es duro admitir un fracaso, pero nuestros países deben hacerlo y darse cuenta de que fueron salvados. Deben encontrar su sitio en la economía internacional, emprender decisiones importantes y reconquistarse márgenes de autonomía", aunque "la crisis ha mermado el peso político de ambos países".