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Felino escaldado

Aunque parezca una tontería, no lo es: Shrek (2001) alcanzó la gloria jugando sucio, al reciclar, en forma de humor presuntamente irreverente -en el fondo, gracietas para padres-, todo el resentimiento acumulado por la cursilería de un universo Disney sufrido en las plateas por quienes acompañaban a los más pequeños de cada casa. Cursi o no, el universo Disney también es el resultado de un deslumbrante proceso de creación de formas, de la construcción del lenguaje canónico de la animación. Shrek se podría reír mucho de Pinocho (1940), pero, en cuestiones puramente formales, no había color: la película de Andrew Adamson y Vicky Jenson parecía la obra de competentes técnicos de la animación infográfica, pero no de animadores. Su animación, de hecho, era puramente funcional. La gracia de Shrek era responsabilidad de los guionistas, pero, sobre todo, de los actores/dobladores, que eran quienes dotaban de auténtica vida a los personajes: la química de pareja cómica entre Shrek (Mike Myers) y el asno (Eddie Murphy) era extraordinaria.

EL GATO CON BOTAS

Dirección: Chris Miller.

Dibujos animados.

Género: comedia. Estados Unidos, 2011. Duración: 90 minutos.

La película tiene el material justo para componer un tráiler resultón

En la segunda entrega de la saga el carisma empezó a mermar, pero hubo una nueva presencia que respondía a las mismas estrategias de caracterización y dotaba de energía al conjunto: el Gato con Botas latino doblado por Antonio Banderas, cuya entrega a la labor lograba trascender el hecho de que el personaje se sustentara en una única idea de animador y no especialmente propia -los ojos anime con que el felino intentaba captar la benevolencia de sus interlocutores.

Después de nuevas películas que no hicieron sino certificar la decadencia de la serie, proponer un spin-off con el gato como protagonista parecía, en principio, una idea razonable -más que una buena idea-, aunque ningún milagro en la elocuencia de la animación estaba garantizado. Y no ha habido demasiadas sorpresas en el resultado: El gato con botas tiene el material justo para componer un tráiler resultón, pero su animación sigue siendo meramente funcional y toda la energía de Banderas no es suficiente como para transformar el producto gris en oro infográfico.

La película de Chris Miller, que ya había co-dirigido la poco lucida Shrek Tercero (2007), tiene una escena brillante -la llegada del gato a la taberna y su enfrentamiento con los lugareños-, pero su trama se dedica a pulverizar la lógica interna del universo que proponía la saga Shrek: mezclar cuentos de hadas con claves de spaghetti western no responde más que a una arbitrariedad derivada de los acentos latinos tanto de Banderas como de una Salma Hayek cada vez más enclaustrada en su arquetipo.

Fotograma de la película de animación <i>El gato con botas.</i>
Fotograma de la película de animación <i>El gato con botas.</i>

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 25 de noviembre de 2011.

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