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Editorial:

Cajas nacionalizadas

El gobernador da por cerrada la recapitalización, pero el crédito sigue sin restablecerse

El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, dio ayer por culminada la recapitalización de las cajas de ahorros, aunque reconoció que, "si hay más necesidades de capital, las entidades deberán revaluar sus activos ponderados por riesgo y pedir más capital". Con buen criterio, Fernández Ordóñez expresaba abiertamente que la crisis no ha finalizado y que el capital de las entidades financieras puede depreciarse en el futuro. Pero a día de hoy, el plan de reestructuración de las cajas ha concluido, y lo ha hecho con la entrada del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) en Novacaixagalicia, CatalunyaCaixa y Unnim.

No es un secreto que la reforma se ha ejecutado con retraso, vacilaciones y errores. Las tres cajas nacionalizadas son el fruto de sendas fusiones regionales realizadas por motivos partidistas, es decir, para que los Gobiernos de turno siguieran controlando su caja. El sentido común y la penosa situación de las entidades recomendaban otro tipo de medidas, pero las presiones de los políticos (Núñez Feijóo debería admitir su error al empeñarse en fusionar las cajas gallegas) y la dejadez del Banco de España obraron el desastre. Tampoco estuvo ayer muy afortunado Fernández Ordóñez cuando afirmó que la Caja Mediterráneo (CAM) es "lo peor de lo peor". No solo porque genera una alarma innecesaria en sus clientes, sino porque el Banco de España dispone de los instrumentos necesarios para evitar irregularidades como las registradas en la CAM.

Pese a todo, las demoras o errores cometidos no autorizan al portavoz del PP, Cristóbal Montoro, a incorporar la recapitalización de las cajas a un saco sin fondo de la "herencia recibida". La reforma se ha ejecutado tarde y con poco sentido de la oportunidad (Bankia y Banca Cívica han salido a Bolsa en el peor momento de los mercados de los últimos 80 años), pero no queda pendiente para el futuro. Salvo que la economía europea y la española entren en una nueva fase de recesión, las inyecciones de capital fresco deben ser suficientes para sostener la solvencia de las entidades.

La banca se enfrenta ahora a otros problemas de singular gravedad que tienen consecuencias para el crecimiento económico y el empleo. Bancos y cajas tienen en este momento problemas de rentabilidad. Están sufriendo una caída importante en los márgenes de negocio y el encarecimiento de las primas de riesgo no ayuda a disponer de recursos de inversión. La obsesión por reducir riesgos y cumplir las obligaciones de solvencia cristaliza en una política de restricción del crédito, lo que dificulta la recuperación. Según los banqueros, la sequía crediticia durará al menos hasta 2013. Así que la recapitalización no era el único remedio para ese problema. Ahora se apunta otra causa, el excesivo endeudamiento de la banca. Quizá estemos en el comienzo de una cadena de causas sin fin.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de octubre de 2011