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Crítica:

La sofisticación del imbécil

El poder de fascinación que provoca el glamour depende del tipo de mirada que se ejerce sobre él. Las estrellas de cine, los hoteles de lujo, los festivales internacionales, los coches y la prostitución de alta gama, los mejores restaurantes y las tiendas ostentosas se supone que son objetos capaces de producir embeleso. Y sin embargo hay pocas películas más feístas (que no feas) que Somewhere.

La mirada que Sofia Coppola ha aplicado, tanto en el fondo como en la forma, al microcosmos de un actor millonario no puede ser más desoladora. Entre la desmitificación profesional y la ruina moral, Coppola retrata a uno de sus colegas de trabajo con un encanto ruin, árido e imbécil.

Da igual que su protagonista se mueva por un camino de rosas. A base de planos fijos alargados en el tiempo, minimalismo temático, escasos diálogos, aspecto documental e introspección de ombligo más que de mente, las altas esferas cinematográficas pueden ser tan aburridas (o tan fascinantes, según se mire) como el deambular por las calles de Helsinki de una criatura de Aki Kaurismaki o ver a un personaje de Lisandro Alonso atarse las botas con la parsimonia de un caracol. Somewhere viene a ser así el reverso cruel y churretoso de aquella apoteosis de la pijería titulada María Antonieta.

SOMEWHERE

Dirección: Sofia Coppola. Intérpretes: Stephen Dorff, Elle Fanning, Chris Pontius, Michelle Monaghan.

Género: drama. EE UU, 2010. Duración: 97 minutos.

De hecho, estando ambientadas en escenarios en las antípodas, Somewhere tiene un sorprendente parecido con la mexicana Año bisiesto (ya lo avisamos cuando esta se estrenó hace unos meses); en la riqueza y en la penuria, incluso ambas culminan con un plano exacto en su forma y en su significado narrativo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de septiembre de 2011