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Los problemas para ser madre

En Italia solo es posible entre marido y mujer

"Vete lo antes posible". El mensaje está en todos los foros que tratan de reproducción asistida en Italia, porque el país se lleva en Europa la palma del turismo reproductivo: cerca 10.000 parejas emigran cada año a Suiza, Bélgica y, sobre todo, a España en busca de un niño que no llega por medios naturales. Se trata en su mayoría de heterosexuales casados (82%), o que conviven de forma estable (18%) -y con una media de edad de 37,5 años, según la Sociedad Europea de Reproducción asistida-, que tratan de esquivar la llamada Ley 40, aprobada por el Gobierno de Berlusconi en 2004. La norma introdujo, pese a las protestas, un límite de tres embriones que fecundar y que implantar a la vez (como en España); prohibió el diagnóstico pre-implantacional; y la donación de óvulos o semen ajenos a la pareja.

La Ley 40 estaba inspirada en la siguiente premisa: que el óvulo fecundado tiene la misma dignidad que un ser humano, aunque en potencia. Así se excluyó la posibilidad de fecundar en un mismo tratamiento más óvulos, congelar algún embrión, descartar los que no sean sanos e implantar en el útero de la mujer el número que ella y su médico consideren oportuno. En 2005, se planteó un referéndum para modificar la norma, pero no prosperó por presiones de asociaciones católicas y de la Iglesia.

En 2009, el Tribunal Constitucional acogió el recurso de algunas parejas y declaró ilegítima parte de la ley. "Hoy el médico no tiene límites en el número de embriones, y puede crioconservar algunos mientras decide implantar en el útero otros", dice Elisabetta Feliciani, ginecóloga del Sismer de Bolonia. "Pero la gran diferencia entre Italia y España es la prohibición de la donación de fuera de la pareja. El 60% de las parejas que se van, lo hacen porque necesitan óvulos o semen de otra persona".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de agosto de 2011