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Entrevista:BLANCA PORTILLO | Directora del Festival de Mérida | Entrevista

"Sólo la verdad nos salva del delirio, no miento y no lo voy a hacer nunca, porque si no eres fiel a tu corazón estás perdido"

La directora del Festival de Mérida responde sobre la polémica retirada de la fotografía del cartel, en la que el actor Asier Etxeandia aparecía desnudo y con una imagen religiosa sobre los genitales

Alguien miente a propósito de la foto retirada en Extremadura. Y en esta entrevista la actriz Blanca Portillo asegura que ella no es. Por vez primera, tras el anuncio de su dimisión, ha hablado con claridad del asunto aprovechando un ensayo de la obra Antígona (que se estrenará en Mérida el 11 de agosto) junto a Chusa Martín, codirectora del Festival de Teatro Clásico de Mérida. Ambas difundieron ayer una nota en la que acusan al Gobierno extremeño y al Ayuntamiento de Mérida, en manos del PP desde las pasadas elecciones de mayo, de haberlas presionado para retirar una foto del actor Asier Etxeandia, desnudo y con una imagen religiosa sobre los genitales, de la exposición Camerinos, de Sergio Parra, organizada por el Festival. Algo que la consejera de Cultura, Trinidad Nogales, ha negado. "Tanto desde el Ayuntamiento como desde la Consejería de Cultura y Educación se realizaron numerosas peticiones para que la fotografía fuera retirada de la exposición, si bien estas peticiones siempre se hicieron a través de terceros, excepto la realizada por la propia consejera de Cultura, a través de llamada telefónica a Blanca Portillo", afirmaron en la nota. Poco después charlaron con este periódico.

"La consejera de Cultura pidió por teléfono la retirada de la fotografía"

"Pedimos disculpas a quienes no se sentían ofendidos por la imagen"

Portillo habla y lo hace tranquila, con su voz cálida y esa mirada luminosa que tanto juego le dan sobre los escenarios. Ella y Martín abandonarán la muestra, cuando ésta llegue a su fin, por decisión propia. Aunque todo hacía prever que el nuevo equipo entrante en la Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de Mérida, no les renovaría contrato. Pero ellas ya han tomado la decisión de irse tras la polémica de la foto que Sergio Parra hizo al actor Asier Etxeandia, minutos antes de salir a escena interpretando a Dante en la obra Infierno, que el director esloveno Tomaz Pandur estrenó en el Centro Dramático Nacional hace siete años, basándose en La Divina Comedia de Dante Allighieri. Portillo se ha desplazado a Madrid unas horas para el ensayo de Antígona, considerada la más bella e importante de todas las tragedias griegas. La dirige el mexicano Mauricio García Lozano y Portillo participa en el pequeño e intenso papel de Tiresias, trabajo que desde hace dos meses decidió que no cobraría ya que era un regalo que le hacía a la muestra emeritense.

Pregunta. Cuando interpreta al viejo, sabio y adivino Tiresias, el personaje de Sófocles que habla del mal uso del poder, ¿se acuerda de lo que le está pasando?.

Respuesta. El texto de Tiresias es uno de los grandes de la historia, habla de lo que pasa en el día a día, de hoy, de la falta de respeto a ciertas cosas, del mal uso del poder, de los riesgos que se corren por hablar de más, de que hay que aprender a tener la lengua más callada...

P. ¿Y esos temas están relacionados con lo que les está pasando?

R. No quiero hablar de otros, si acaso de mí, tengo la impresión de que en lo que hemos querido contar con este festival, en torno al universo femenino, sí somos un poco Tiresias: hemos pensado mucho las cosas antes de hacerlas, hemos intentado no herir, hemos respetado la llamada de la tierra, hemos tratado de ser respetuosos con los demás, hemos defendido la ley de la naturaleza, como es querer enterrar a un hermano, que no es una agresión hacia nadie, es un derecho. Este texto condensa este camino que nosotras hemos tenido en el festival.

P. ¿Desde cuándo tuvieron presiones para retirar la foto de la exposición?

R. Desde el cambio de gobierno empezamos a recibir avisos. A los dos días de la inauguración de la muestra.

P. ¿Aún defiende el gesto de retirar la foto, a pesar del sufrimiento que pudo implicar?

R. Me sigo sintiendo parte del festival y como directora eso es lo que he hecho; pero a nivel íntimo y privado tengo mucho que decir, como por ejemplo que no la hubiera quitado, pero hay más cosas que ya diré cuando deje definitivamente el cargo. Hemos pasado momentos muy difíciles y dolorosos porque hay cosas que no he entendido, y cuando no entiendo las cosas lo paso fatal. Puedo dialogar, pero si no tengo explicación para las cosas sufro muchísimo.

P. ¿Ha aprendido algo nuevo de lo que les ha pasado?

R. Sí, muchísimas cosas. Curiosamente muchas de ellas también están en la función de Sófocles que vamos a estrenar. Uno tienen que intentar escuchar a su corazón para intentar dormir bien por la noches, y yo sigo durmiendo muy bien. Solamente la verdad, la honestidad, nos salva del delirio. Ahora sé más que nunca porque me he sentido bien cuando me he mirado al espejo. Porque no miento, y no he mentido y no lo voy a hacer nunca, porque es un precio altísimo el que se paga.

P. El texto también dice que es común en los seres humanos equivocarse.

R. Pero hay que saber rectificar, no mostrarse inflexible y desprenderse del orgullo. El orgullo, la soberbia, la prepotencia, la vanidad no me suelen empujar, me empuja el corazón y contra ese es muy difícil luchar... por eso me gusta esta Antígona pequeña, diminuta [dice de la actriz Marta Etura], es una cría que destruye y dinamita el sistema simplemente diciendo 'éste es mi corazón y a él obedeceré'. Esa es la mayor lección que puedo extraer de todo este viaje que ha supuesto el Festival de Mérida. Hay que ser fiel a uno mismo porque si no estás perdido.

P. ¿Tiene miedo por la gente que está trabajando en el festival y por las consecuencias de lo que ha pasado?

R. Tengo el miedo que da el sentido de la responsabilidad, que en mi caso es algo rayano en lo enfermizo. Me siento absolutamente responsable de todas y cada una de las personas y por eso estamos ahí, y por eso voy a estar hasta el último día con todas mis fuerzas. Además está el deseo de compensar la generosidad con la que han venido y han trabajado todos, y hacer todo cuanto esté en mi mano para que nos vayamos todos con la cabeza bien alta y con mucho orgullo.

P. ¿De lo contario se hubieran ido esta misma semana?

R. La gente sabe, y a quien no lo sepa se le explicará. La vida es muy justa y tanto ella como el tiempo coloca las cosas en su sitio. No tengo la impresión de haber hecho el festival más maravilloso, yo no echo carreras, no compito, que ese es otro de los grandes problemas, ninguna de nosotras ha competido con nada, ni con nadie, a ver quién es el más listo, ni el más brillante, ni el más poderoso, ni el más idiota... Hemos hecho las cosas con amor creyendo en lo que hacíamos y contando con seres humanos que comulgan con lo mismo.

P. ¿Qué desean para el Festival de Mérida, ahora que ya saben que se van a ir?

R. Deseamos lo mejor para el festival. Y lo mejor es evitar que esté estructurado como está hasta ahora, porque es obvio que no funciona, y no sé quién puede tener intereses en que no funcione, porque es una joya y habría que cuidarlo, protegerlo, levantarlo, mimarlo y no abandonarlo. Si el sistema no funciona...¡troncos, hagan algo! Y se puede, hay referencias, nosotras hemos estudiado mucho y en profundidad los sistemas de muchos festivales que funcionan.

P. Ha llegado con una cara un tanto desencajada al ensayo, han pasado cuatro horas y parece usted otra persona, transmite paz y alegría.

R. El teatro me salva. Me limpia. Lo diré toda la vida, es otro aprendizaje. Soy consciente de que tengo una maravillosa tribuna en la que llevo treinta años, diciendo y haciendo las cosas en las que creo. Eso me salva, es mi espacio natural para ser ciudadana, actriz, persona, mujer... Yo seguiré trabajando por la cultura, que es mi devoción, pero lo que me salva es esto, ver a los compañeros, a un creador como García Lozano que es un regalo, con un clima de trabajo donde solamente hay creatividad, no hay juicios, ni prejuicios, donde todos están dando lo más grande que tienen. Antígona se ha hecho realidad y estará en el Teatro Romano. Se podrá ver. Independientemente de si a unos les gusta o les incomoda, les parece feo, inútil, da lo mismo... Creo en esto y encima me puedo permitir el lujo de subirme ahí, donde está la ventaja de poder verter todo, emociones, reflexiones, preocupaciones, risas, llantos, dolores..., todo y en cinco minutos me deja limpia.

P. ¿Ser dos personas al frente de la dirección del festival ha facilitado en algo las cosas?

R. Doy gracias a los dioses de que hayamos sido dos personas, porque nos hemos sostenido una a la otra. Cuando no tienes por donde salir es angustioso, hay mucho desasosiego, junto a mucha ilusión; son muchos flecos, muchos frentes abiertos, mucha inquietud... Cuatro ojos ven mejor que dos y las mujeres no tenemos problemas con eso. Y si alguien se empecina en algo y no hay nadie al lado para decírtelo, no es bueno.

P. ¿Recomendaría a los políticos que acaban de llegar a la Junta de Extremadura y al Ayuntamiento que fueran más al teatro?

R. Evidentemente. A ver teatro de verdad. Y en ese Teatro Romano se puede ver, porque tienen un espacio que no admite tonterías, sólo la verdad. De ahí que nos reafirmamos en esa especie de riesgo que era programar tres antígonas en una misma edición. Una situada en la Guerra Civil, otra en el siglo XXI y la próxima en la época de Sófocles.

P. ¿El primer desencuentro con las nuevas administraciones fue tras el estreno de Antígona de Mérida, en donde se situaba la acción en 1936 en torno a los asesinatos que hubo con la entrada de las tropas nacionales en la ciudad pacense?

R. Nunca nos dijeron nada. Pero he dicho muchas veces que soy observatriz, más que actriz. Y leo comportamientos, reacciones, me llega cuál y cómo es la energía de las personas. Y me parece bien, de la misma forma que a mí me fascina, otros tienen derecho a lo contrario, todos tenemos derecho a tener una opinión, Pero una cosa es la visión subjetiva y otra muy distinta el juicio de valor. Cuando alguien viene y dice 'esto es malo'; ¿perdón?, 'dirá usted que no le gusta, ¿pero malo?. No se puede uno quedar en las anécdotas, porque entonces uno se delata y el teatro es mucho más que la anécdota. Por eso hay tres antígonas. Antígona de Mérida estaba lleno de poesía, para hacernos reflexionar, y para recordarnos que la tragedia no es un género literario, está aquí al lado todos los días de nuestra vida...., hace 2 años, 75 años, 2000 y también mañana... Eso es lo que nosotras hemos querido hacer, disponer al espectador para hacer una lectura inteligente del teatro. Entiendo que se puedan sentir molestos, ¿pero negar la realidad? Lo que ha pasado, ha pasado.

P. ¿Qué sentimiento les ha provocado la polémica de la foto de Sergio Parra?

R. Estamos construyendo un mundo terriblemente radicalizado y a una gran velocidad, algo que tiene que ver con una defensa enfermiza de lo que es natural. Nos estamos volviendo un poco locos. Si yo tengo ánimo de agredir, entendería que el que está enfrente se defienda, pero el arte nunca es una agresión, es una forma de mirar la vida, nada más. A mí me agrede mucho más ver como una madre pega dos tortas a un niño, eso es real. El arte convierte la realidad en algo superior que va más allá de la anécdota.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de julio de 2011