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Rajoy negocia con Camps para que se declare culpable y evite el juicio

Costa no quiere asumir su culpa y Génova le ofrece alguna compensación - Nadie descarta la dimisión, pero parece la alternativa menos probable

En público el silencio es total, pero en privado los teléfonos echan humo. La dirección nacional del PP, alentada por Mariano Rajoy -aunque él se mantiene en un segundo plano- ha puesto en marcha toda la maquinaria de presión para evitar el peor de los escenarios: un juicio por cohecho a Francisco Camps en otoño, en plena campaña electoral.

A última hora de ayer, Federico Trillo, el hombre de Rajoy en este asunto, negociaba en Valencia con Camps y Juan Cotino una salida. Antes, en estos días, Rajoy habló con Camps y no le pidió que dimita, pero sí que busque una solución para no llegar a un juicio en otoño, según fuentes de la dirección. La dimisión, con la que muchos dirigentes del PP han soñado en los últimos meses, parece lo menos probable. No está descartada, porque todos los interlocutores de Camps -habla con todos a todas horas- le ven muy hundido, pero nadie la ve posible.

Rajoy habló con Camps y no le pidió la dimisión, pero sí que resuelva ya

Aceptar la multa implica escándalo, pero Génova lo ve como mal menor

Costa complica su futuro proceso por financiación ilegal si acepta que mintió

Génova cree que una solución rápida en pleno verano no tiene coste electoral

La opción que todos manejan en la calle Génova como algo inminente -la solución podría llegar hoy mismo- es que Camps acepte declararse culpable, pagar la multa y así impedir el juicio. No es una opción exenta de problemas. Primero porque sería reconocer que ha mentido, admitir un delito grave, tener antecedentes penales, sufrir una sentencia condenatoria y convertirse en el primer presidente condenado y no expulsado de un partido nacional. Sin embargo, en la calle Génova se ve como la opción menos mala, y están convencidos de que no tendría repercusiones electorales. El escándalo, piensan, remitiría en unos días. Estamos en pleno verano, y la peor opción, un juicio en campaña, quedaría superada. Ante la evidencia de que no habrá dimisión, se conforman con esto. "Las decisiones [sobre Camps] se comunicarán en su momento", dijo Soraya Sáenz de Santamaría ayer por la mañana para aumentar la presión.

Aún así, la operación anoche no estaba aún cerrada porque, además de los problemas técnicos que plantea -no es tan fácil declararse culpable, hay que aceptar la pena máxima que pidan fiscalía y acusación popular, esto es el PSOE- hay un escollo político de mucho nivel: Ricardo Costa. Para evitar el juicio, los cuatro imputados tienen que estar de acuerdo. Y él es el único que no era miembro de aquel Gobierno cuando saltó el caso de los trajes, con lo que tiene mejor defensa. Además, admitir su culpabilidad -reconocer que ha mentido- puede complicar su defensa en el otro proceso, el de la financiación ilegal, en el que él está imputado y Camps no. Se arriesga a la cárcel.

Costa, según fuentes de la dirección nacional, quiere garantías de que si hace ese sacrificio por el partido tendrá una compensación. Hasta ahora ha sido el pagano de Gürtel. Y no se fía de las promesas de Camps, que muchas veces le garantizó que lo metería en el Gobierno, y no lo hizo.

Por eso Costa, según estas fuentes, mantiene una negociación directa con la cúpula del PP nacional. Anoche, señalan, no había tomado aún la decisión definitiva, aunque el acuerdo parecía inminente y el exsecretario general estaba dispuesto a ese sacrificio con algunas garantías. Se hablaba no solo de entrar en el Gobierno en el futuro, sino incluso de dirigir la campaña de las generales en Valencia y sobre todo de ser rehabilitado políticamente con un discurso público de apoyo.

Mientras, Camps, que hasta hace poco descartaba declararse culpable y quería llegar hasta el final, parece dispuesto a aceptar pagar la cuantiosa multa (casi 50.000 euros) por las presiones de Génova, según su entorno. Las mismas fuentes indicaron que la decisión depende exclusivamente del presidente, que está sondeando a algunos de sus más estrechos colaboradores. Y sus consejeros siguen descartando la opción de que presente la dimisión.

Lo que más preocupa en Génova es el entorno de Camps, que siempre le hace retroceder al punto de partida. Él sigue sin agenda pública por quinto día consecutivo, aunque podría reaparecer hoy en las Cortes. Y tanto su Gobierno como el PP siguen paralizados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de julio de 2011