Descubrimiento de Armendariz
La corrida de rejones se organizó, como es norma en Pamplona, para lucimiento del torero de la tierra, Pablo Hermoso de Mendoza. Siempre cuidando de no enfrentarle a Diego Ventura, en especial, ni a Andy Cartagena. Y así, año tras año. Del mismo modo que un año sí y otro también, la presidencia se encarga de regalarle orejas. Ayer el regalo fue de un apéndice. Mereció cortar una oreja en su primer toro, y le regalaron la segunda. O sea, salió a hombros. Nadie le quita a Hermoso de Mendoza ese querer suyo por volver a ser el joven jinete que fue, demostrando cada tarde lo mejor de su biografía.
Pero lo que son las cosas de la vida o de los caballos, a falta de las dos figuras del rejoneo aludidas, hizo aparición un rejoneador de Noain, una localidad a cinco kilómetros de la propia Pamplona. El joven se llama Roberto Armendariz (aquí lo ponen sin acento). En la suma de sus dos toros superó a Hermoso de Mendoza, que, por otra parte, es su ídolo.
MATEO / HERMOSO, GALÁN, ARMENDARIZ
Toros de San Mateo: despuntados para rejones, mansos y bobones.
Pablo Hermoso de Mendoza: rejón (dos orejas); rejón y descabello (leve petición y aplausos). Sergio Galán: rejón (oreja); dos pinchazos, rejón y dos descabellos (saludos).
Roberto Armendariz: dos pinchazos, rejón trasero y descabello (vuelta al ruedo); rejón (dos orejas).
Plaza de toros de Pamplona. Segundo festejo de abono. Lleno. Miércoles, 6 de julio.
Si llega a tener acierto con el rejón de muerte en su primer toro, el presidente de la corrida también le hubiera obsequiado con dos orejas. En su segundo, al que mató bien, se llevó el premio de los dos apéndices y salida a hombros, precisamente al lado de su alter ego. Muy bien. Hay rejoneador para muchos años. Posee una buena cuadra de caballos. En cada movimiento de sus animales vive un relámpago de fulgor. Destacaron los caballos Ranchero, Polvorilla, Prometido, Zamorino y Trasnochado (con sus cascos llenos de viento), que le vale para poner las banderillas cortas en un plis-plas (saeta inmóvil).
Sergio Galán sobrio y eficaz en su primero, estuvo fallón a la hora de matar a su segundo. Estuvo hecho un carnicero, en el primero, ya que acribilló al toro en la suerte de banderillas, justo a un toro que acabó moribundo antes de tiempo.
Como reflexión última, creo que todos los caballos del rejoneo salen a la plaza sobreexcitados, al modo de poleas locas.




























































