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La crisis de la deuda

La Unión Europea tendrá que pactar con las agencias de calificación

Bruselas quiere asegurarse que la deuda reestructurada obtenga buena nota

En una playa de Normandía, o con la puerta de Brandemburgo al fondo: en los peores momentos de esa Europa sin ideas que lleva toda la crisis a la deriva aparecen siempre dos figuras, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy, para acordar una solución in extremis cuando todo parece perdido. Bruselas y el BCE han sido protagonistas a veces. Pero, ¿quién manda realmente en Europa? La política sigue arrastrando los pies detrás de los mercados: la UE ha criticado con dureza el papel de las agencias de calificación estadounidenses (Moody's, Standard & Poor's y Fitch) en la crisis y, sin embargo las tres grandes están destinadas a jugar un papel clave en el rescate a Grecia.

La UE tendrá que pactar con Moody's, S&P y Fitch la reestructuración suave y voluntaria de la deuda griega para evitar que su calificación siga cayendo escaleras abajo, y que alguna de esas tres firmas considere que esa salida pactada es un default, una suspensión de pagos, confirmaron altas fuentes comunitarias.

El fuego cruzado entre Bruselas y las agencias ya ha empezado. La Unión amaga (sin acabar de disparar) con una regulación más restrictiva para las agencias. A su vez, estas -que no vieron venir la crisis europea pero después la agravaron con una serie de rebajas en la solvencia de varios países- llevan semanas advirtiendo de que cualquier reestructuración de deuda, por suave y voluntaria que sea, merecerá la calificación de impago. Eso desencadenar graves problemas a la banca europea y contagiaría a más países. De ahí el miedo cerval a esa palabra: impago.

Las declaraciones ambiguas de Berlín hace unos días sobre la obligatoriedad de la participación privada en la reestructuración originaron un incendio en los mercados que solo se sofocó el pasado viernes con la inevitable cumbre francoalemana. Ese órdago de Berlín ha propiciado un tira y afloja ante el riesgo de provocar un episodio europeo parecido al pánico posterior a la quiebra de Lehman Brothers.

A causa de todo ese ruido, S&P llegó a rebajar la deuda griega a pocos escalones del impago, hasta el extremo de considerarla como la peor del mundo. El resto de agencias han aplicado también duras rebajas. Y las tres han avisado que la reestructuración tendría además efectos sobre otros países (en particular, Irlanda y Portugal) y toda la banca europea.

Esa presión ha funcionado. "El segundo rescate está por definir, pero no puede provocar de ninguna manera una rebaja de calificación hasta el nivel de bancarrota. Para ello habrá que articular las condiciones con sumo cuidado", según explicó una fuente comunitaria. ¿Cómo? "Con los consejos de las agencias".

Esa labor de consultoría ya se ha iniciado. No se trata de algo inédito: cuando se diseñó el mecanismo de rescate europeo, el EFSF, la UE ya tuvo que pactar con las agencias para que ese vehículo financiero tuviera la calificación máxima, AAA. Antes de estallar la crisis, las agencias hacían esa misma labor para el sector privado, a pesar de los evidentes conflictos de interés. Centenares de productos financieros tóxicos, incluidos los relacionados con hipotecas basura, recibieron la máxima nota por parte de las agencias que ayudaron a diseñarlos. EE UU anunció esta semana que está estudiando cómo llevarlas a los tribunales.

La contradicción en Europa es formidable. Un año después de comprometerse a frenar el poder de las agencias, la Unión se ve obligada a pactar con ellas para evitar males mayores en el polvorín griego. Atrás quedan las críticas demoledoras: el comisario Michel Barnier, que tendrá lista una nueva regulación para las agencias en otoño, aseguró que "hay que cuestionar seriamente su papel en esta crisis"; el habitualmente comedido José Manuel González Páramo, del BCE, explicó hace un par de semanas que las agencias "son más parte del problema que de la solución".

"Es la gran lección de la crisis: Europa y sus instituciones se lanzan a endiabladas discusiones sobre el gobierno económico, sobre todo tipo de propuestas para salvar una situación muy complicada, y luego hay quien se erige como árbitro sin tanto debate político", explicaron fuentes europeas.

A las agencias no les tiembla el pulso. El último informe de Fitch es concluyente: "El uso de mecanismos de reestructuración con canje de bonos puede conducir a una rebaja de calificación hasta reflejar impago inminente". En una nota reciente, Moody's alertaba de que una reestructuración en Grecia contagiará a Irlanda, Portugal, España, Italia y Reino Unido: "La banca de esos países afronta desafíos distintos, pero el riesgo de contagio podría diluir esas diferencias y plantear amenazas comunes muy reales". Esas opiniones tan contundentes pueden cambiar ahora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de junio de 2011