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CORRIENTES Y DESAHOGOS

Cocaína en 'Inside job'

Inside job, el documental que ahora llena los cines, es un típico producto norteamericano hecho para los norteamericanos. Trata de explicar las causas de esta Gran Crisis desde la quiebra de Lehman Brothers en 2008, el conchabamiento entre banqueros, reguladores, comisionistas y agencias de rating, ante la condescendiente y cómplice colaboración de autoridades políticas y organizaciones económicas internacionales.

El dinero les sale a estos delincuentes por las orejas y aún necesitarían otros orificios de desagüe para poder metabolizar los miles de millones de dólares que se metieron en el cuerpo o convirtieron en centenares de helicópteros, yates, lamborghinis y kilogramos de cocaína, consumida en la oficina o en prostíbulos de lujo.

Las 'subprimes' fueron células malignas típicamente americanas que infectaron el planeta

Vista así, la Gran Crisis es el thriller del año y un thriller de argumento tan complejo como la composición de los productos tóxicos ofrecidos a la inversión y consustanciales a la burbuja. Esta cinta de éxito es, sin embargo, tan pesada como cargante, tan monótona como perezosa, tan teatralmente insolente como fallida en sus intentos de acorralar a las cabezas fundamentales de la debacle.

Lástima que toda denuncia cuando, como en este caso, no es bien certera se convierta en un error bobalicón y sus disparos suenen, con demasiada frecuencia, a mascletàs y reiterados fuegos de fogueo.

La fatuidad del realizador es en este caso proporcional a la magnitud de indignación de los espectadores hambrientos de justificación y de justicia. La exuberancia del director ofreciendo datos y más datos en millones de dólares robados a gentes de toda condición ahoga la narración en dos horas de pantanos contables.

Efectivamente, el documental intenta hacer ver y sentir que un maldito grupo de superpoderosos controla la vida de casi toda la humanidad. Y este clan es hoy, en su mayoría, norteamericano. Aunque también, así como la cultura y las modas americanas han sido contagiadas a todo el globo, la estratagema para hacer dinero mediante engaños organizados se ha difundido desde Islandia a Australia y desde Nueva York a Guangdong.

De ahí que si las subprimes fueron células malignas típicamente americanas, muy pronto infectaron la totalidad del planeta. Lo norteamericano ha sido siempre extraordinariamente contagioso. Es contagioso por la imantada mitificación de la Nación Número Uno pero lo es, seguidamente, porque tanto su talante cultural como sus talentos financieros son ejemplos, Kill Bill, de una violencia demoledora.

La amplia admiración de casi cualquier país al universo norteamericano tiene que ver con su amplio repertorio de comunicación pop, pero muy mucho con sus multimillonarios nacidos de la noche a la mañana, sus magnates menores de 30 años y sus magos especuladores, maduros o no, que ascienden como ídolos al lado de los artistas, los actores, los científicos, los boxeadores o los iconos del rock.

Inside job denuncia la corrupción y la codicia pero, sin quererlo, siendo un producto norteamericano, reproduce con gusto la espectacularidad del suceso, el gran suceso de estafar a gran escala, prosperar o arruinarse en el mundo como gestas de tamaño descomunal.

¿Europa? ¿El resto del mundo? Todavía Estados Unidos cree ser todo el mundo cuando se trata de exhibirse y hacer seductor el modelo de su gran poder. Quien asista a esta película de buenos propósitos percibirá, siendo europeo, que en medio de la denuncia del realizador colea el orgullo de estar filmando un nuevo gran logro nacional, un extraordinario número circense, exclusivamente al alcance del Gran Circo Americano.

Del gigantismo de esa nación y de su prestancia inigualable han quedado seducidos los mismos realizadores / patriotas que, no solo ven en el bien su fuerza sino en el supermal que hace grande a Estados Unidos. ¿Sus millones de ciudadanos empobrecidos en estos años? Este universo de víctimas, inmigrantes o no, apenas forma parte del reparto de la película. Los protagonistas de verdad son aquellos que se lo reparten todo y unen a su delirante ambición una destilación de la idiosincrasia invariable del singular planeta americano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de abril de 2011