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Catástrofe en Japón

El escape tóxico compromete el plan de refrigeración

El agua radiactiva que enfría la central amenaza la salud de los técnicos

Era un plan arriesgado y parte de ese riesgo se ha concretado en una vía de escape de radiactividad imprevista y descontrolada que dificulta restaurar la refrigeración de la central nuclear de Fukushima sin comprometer la salud del centenar de operarios que siguen en la planta. La grieta de 20 centímetros por la que la nuclear vierte agua altamente contaminada al océano -unos 7.000 litros la hora, según algunos expertos- pone en jaque la estrategia trazada para estabilizar el complejo atómico. "Necesitan seguir refrigerando el reactor pero cuanta más agua viertan más radiactividad liberarán. La seguridad para los operarios que siguen en la zona parece comprometida", explica Xavier Dies, catedrático de ingeniería nuclear de la Universitat Politècnica de Catalunya.

"Refrigerar el reactor emite cada vez más radiación", avisa un ingeniero

Con el circuito de refrigeración inutilizado, los empleados han contenido la temperatura de la central vertiendo miles de litros de agua al día y recogiéndola tras su paso por los reactores. Parte de esa agua se libera a la atmósfera en forma de vapor radiactivo pero la mayor parte se convierte en residuo tóxico que se acumula en los tanques de contención. La grieta revela que se está liberando esa agua altamente radiactiva: la zona supera los mil milisieverts la hora, dosis que puede causar hemorragias internas y en seis horas implica riesgos letales.

Esa radiactividad se diluirá en el mar pero antes puede fijarse en el lecho marino y los organismos acuáticos. "Quien se bañara hoy junto a la planta se quemaría la piel en minutos", ilustra el profesor Thomas Jung, del centro de protección de la radiación alemán. "Localmente el problema será grave porque parte de la radiación se acumula en la cadena alimenticia".

Para los operarios, centrados en reestablecer la refrigeración, trabajar en la zona parece cada vez más complejo: tres empleados se abrasaron las rodillas con agua radiactiva el pasado martes y 21 han superado la dosis de radiación que afecta a la salud a largo plazo.

"El entorno es muy desfavorable", avisa Jung. La última experiencia en este sentido fue trágica. Los liquidadores de Chernóbil se alternaban en turnos de entre 40 segundos y dos minutos para sepultar el reactor en un entorno incomparable al japonés: con improvisados retales de plomo y partes del cuerpo descubiertas. De unos 600.000, hubo decenas de muertos según un informe de 2002 del Organismo Internacional de la Energía Atómica. Otras organizaciones elevan la cifra de víctimas y afectados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de abril de 2011