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Catástrofe en Japón

Tepco no tomó medidas "suficientes para evitar el accidente de Fukushima", según el OIEA

El director general de la agencia de Naciones Unidas asegura que "hay formas para que en el futuro no se repitan estos accidentes".- La empresa propietaria de la planta nuclear japonesa arrojará 11.500 toneladas de agua radiactiva al mar.- Hallados los cuerpos de dos empleados de la central muertos en el tsunami

La pesadilla nuclear que vive Japón desde el terremoto y el tsunami que el 11 de marzo devastaron la costa noreste será larga. Hoy, la compañía que gestiona la central, Tokyo Electric Power (Tepco), ha confirmado que planea verter hasta 11.500 toneladas de agua radiactiva procedente de Fukushima a partir de mañana martes al océano Pacífico, informa EFE. Una mala noticia que llega en el mismo día en que el director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica, Yukuya Amano, ha asegurado que la empresa propietaria de la planta no tomó las medidas "suficientes para evitar este accidente".

Amano ha recordado en Viena, donde se encuentra la sede del OIEA, que otra planta de Tepco ya sufrió un accidente nuclear en 2007, informa Efe. La central de Kashiwazaki, situada en el noroeste de Japón (por lo que no le afectó el terremoto del pasado marzo) sufrió aquel año un incendio, escapes de sustancias radiactivas y una fuga de agua contaminada. El origen fue un terremoto de magnitud 6,8; lo que no impide que la central siga estando diseñada para resistir un temblor de 6,5 grados en la escala de Richter (muy inferior a los 9 grados que se midieron el 11 de marzo). Una dejadez que el director general del OIEA ha achacado también a la empresa eléctrica japonesa en el caso de Fukushima: "En retrospectiva, las medidas tomadas por el operador no fueron suficientes para evitar este accidente", ha asegurado en una crítica que ha extendido al propio organismo que dirige y los Estados que lo integran.

Con todo, el máximo representante de la agencia nuclear de Naciones Unidas se ha mostrado convencido de que se encontrarán las "formas para que en el futuro no se repitan estos accidentes". "Deseo mucho que las normas de seguridad sean más fuertes y que tengamos más capacidad para ayudar a los estados miembros a asegurar la seguridad nuclear", ha manifestado el director general del OIEA, que ha convocado una gran conferencia mundial para junio con la asistencia de los ministros responsables de la energía nuclear en cada país.

Vertido radiactivo al Pacífico

Mientras, Tepco ha confirmado en las últimas horas que la concentración de radiactividad del agua que verterá al Pacífico es cien veces mayor al límite legal. Según el diario japonés Yomiuri, 10.000 toneladas del total del vertido proceden de depósitos especiales de la planta nuclear, mientras que otras 1.500 se encontraban en el sótano de los reactores 5 y 6. El objetivo, ha indicado Tepco, es hacer espacio en esos lugares para poder trasladar allí el agua con una radiactividad aún más elevada que inunda los edificios de turbinas de los reactores 1, 2 y 3, y que dificulta seriamente las labores de los operarios para enfriarlos.

El Gobierno aseguró ayer que la radiación continuará saliendo de la central durante meses. "No hemos escapado de la situación de crisis, pero en cierto modo está estabilizada", dijo en la televisión Goshi Hosono, diputado del gobernante Partido Demócrata de Japón y consejero del primer ministro, Naoto Kan. "¿Cuánto llevará (detener la fuga de radiactividad)? Creo que varios meses (...) Esta va a ser una batalla larga". Hosono advirtió que "el mayor desafío es que hay más de 10.000 barras de combustible usado en la planta" y que "se tardará mucho tiempo en reprocesarlas".

Cada día que pasa los ingenieros que intentan estabilizar la central nuclear de Fukushima se enfrentan a nuevos retos, que sitúan el fin de la peor crisis atómica que ha sufrido el mundo desde Chernóbil (Ucrania, 1986) en un horizonte lejano. Tepco, la compañía propietaria de la planta japonesa, aseguró el sábado pasado que había descubierto una grieta de 20 centímetros en un foso de contención de hormigón en el segundo reactor de los seis que tiene la central, por la cual se está fugando agua con gran radiactividad al mar. Los intentos de sellar el foso fracasaron ayer. Tras rellenarlo de hormigón, el agua continuó filtrándose al océano, y los técnicos están intentando ahora bloquear con polímeros absorbentes las tuberías a través de las cuales llega el líquido a la estructura.

Y cada día que pasa, la ira crece contra Tepco. Desde el inicio de la crisis, la empresa ha sido acusada de falta de transparencia, de lentitud en la respuesta, de no haber tenido en cuenta las advertencias de los expertos sobre el riesgo que los terremotos suponían para Fukushima y de cometer numerosos errores en las labores de emergencia. Ayer, hubo un nuevo motivo. La compañía dijo que el miércoles pasado fueron encontrados en un sótano del edificio de turbinas del reactor número 4 los cadáveres de dos trabajadores que estaban desaparecidos desde el terremoto y el tsunami que dañaron irreparablemente el complejo atómico. Afirmó que no habían comunicado la noticia hasta ahora por deferencia con sus familias.

Tepco dijo que se trata de dos jóvenes de 21 y 24 años, que habían sufrido múltiples heridas externas y que probablemente habían fallecido a causa de la pérdida de sangre. "Es doloroso que estos dos jóvenes trabajadores estuvieran intentando proteger la planta cuando fueron golpeados por el terremoto y el tsunami", dijo Tsunehisa Katsumata, presidente de la compañía eléctrica. Los cuerpos han tenido que ser descontaminados, debido a los altos índices de radiación existentes en la central, que han obligado en numerosas ocasiones a los equipos de emergencia a retirarse y suspender los trabajos.

La prensa arremetió ayer contra Tepco y preguntó por qué no habían sido encontrados los trabajadores hasta pasadas casi tres semanas del desastre y cómo es que fallecieron mientras realizaban chequeos en la central después de que se produjera el terremoto, cuando otros sobrevivieron.

Cientos de personas trabajan en turnos en la central de Fukushima para atajar el flujo de agua contaminada al mar y enfriar los reactores e impedir una fusión de las barras de combustible, que podría provocar una gran nube radiactiva.

Los equipos de emergencia han sido reacios a hablar en los medios de comunicación sobre las difíciles condiciones en las que trabajan y en las que viven, pero uno de los técnicos, que pasó varios días en la central, describió el sábado pasado su experiencia de forma anónima en el diario Mainichi. "Siento con intensidad que no hay nadie salvo nosotros para hacer esta labor, y no podemos regresar a casa hasta que esté finalizado", explicó este hombre. El técnico contó que cuando le llamaron a mediados de marzo para restablecer el suministro eléctrico en la planta dijo que lo ocultó a su familia para que no se preocupara, pero se lo confió a un amigo a quien le pidió que se lo comunicara a sus padres si no regresaba en dos semanas.

Tepco ha sido acusada de no atajar con celeridad el desastre, al haber retrasado, por ejemplo, el vertido de agua de mar sobre los reactores para enfriarlos porque quedarían dañados irremediablemente. También han sido criticadas las medidas de seguridad con sus empleados. Hace 10 días, tres técnicos se vieron expuestos a grandes cantidades de radiación, y dos de ellos tuvieron que ser hospitalizados con quemaduras tras meterse en agua muy radiactiva con vestimenta de protección inadecuada. Al inicio de la crisis, los equipos no contaban con suficientes contadores Geiger para controlar la radiación y no tenían suficientes trajes de protección contra la contaminación, lo que obligó a algunos trabajadores a improvisar con nailon forros para cubrir el calzado.

Una de las prioridades ahora de los ingenieros es cerrar la grieta del foso de contención para evitar que continúe llegando la radiactividad al mar. "No podemos bajar la guardia porque la situación en la planta nuclear es impredecible", dijo ayer Yukio Edano, portavoz del Gobierno.

Se da por hecho que el agua que se fuga del foso es la responsable de los altos niveles -hasta 4.385 veces el límite legal- de radiación que han sido detectados en el océano junto a la planta. Especialmente, después de que Tepco afirmara ayer que, en contra de lo que se temía, esta es la única fuga de agua radiactiva al mar.

Alrededor de 18.000 soldados japoneses y 7.000 estadounidenses, apoyados por aviones, helicópteros y barcos, cerraron ayer una intensiva operación de búsqueda de las más de 15.000 personas que continúan desaparecidas. En los tres días que ha durado el dispositivo, han encontrado 306 cadáveres. Se teme que la mayoría nunca serán encontradas. El terremoto y el tsunami han dejado además, 12.020 muertos.