Argüelles vuelve a Argüelles

La estatua del político regresa al barrio cinco años después de que un coche la tirara

Agustín de Argüelles vuela por los aires, tranquilo y confiado. Con el gabán abierto -el calor de la mañana de ayer indicaba que se acerca la primavera- y los libros a sus pies, retorna a su barrio, esta vez a la esquina del paseo del Pintor Rosales con Ferraz, a escasos 200 metros del lugar donde sufrió el terrible accidente que lo envió al taller de restauración del Ayuntamiento.

Aunque ocurrió en 2006, al político asturiano le ha costado cinco años reponerse y sus restauradores han querido que le queden las cicatrices de las operaciones. "Primero hubo que ensamblar las piezas, reponer las que faltaban, hacer las suturas entre ellas y dar una pátina que permita ver las piezas que se han repuesto", comenta Carmen Rojas, directora de Infraestructuras Culturales del Consistorio. "Solo en ver cómo se abordaba la restauración tardamos entre siete y ocho meses. Los estudios se hicieron en el taller de Cruz Solís", explica.

Un coche embistió el pedestal de la estatua en 2006 y la partió en pedazos
La obra rinde homenaje a un político liberal y notable diplomático

La escultura de mármol de José Alcoverro de casi tres metros de alto se encontraba en 2006 sobre un pedestal en el cruce de la calle de la Princesa con Quintana y Serrano Jover. Aquel día, un conductor perdió el control de su coche y embistió el pedestal de la estatua, que cayó al suelo y se hizo pedazos. El único ocupante del vehículo murió en el acto. Desde entonces, Argüelles ha esperado años para regresar al barrio que lleva su nombre. En 2007 el Ayuntamiento decidió cambiarlo de ubicación, y anunció que lo colocaría en el lugar donde está desde ayer, sobre un pedestal de granito de unos cuatro metros de alto. En 2008 el Consistorio dijo que lo instalaría "en unas semanas", pero han tenido que pasar tres años para que salga del taller.

El monumento a Argüelles, diputado por Asturias en las Cortes de Cádiz de 1812 y notable diplomático en la Guerra de la Independencia, está colocado ante un giro para enfilar el paseo del Pintor Rosales en dirección plaza de España. "Es muy difícil que haya un choque frontal, aquí está más segura", explica Rojas mientras en el andamio retiran el rodapié del pedestal de la escultura. "En el siglo XIX, hacer una estatua era la manera de rendir un homenaje a un personaje importante", dice la directora de Infraestructuras Culturales, que admite que en una ciudad con tanto movimiento como Madrid, "hay muchas estatuas que se vandalizan adrede, seguramente porque no saben lo que significan". Por ello, cree que "uno de los deberes de la Administración es explicar a la gente su significado y el por qué están ahí".

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Argüelles, desde su nueva ubicación a la entrada del barrio, mira más allá del Templo de Debod -en parte, debido a su altísima peana, que triplica la altura de la que tenía en Princesa-. En el horizonte, el Palacio Real y la plaza de Oriente, donde vivió el rey absolutista Fernando VII. El mismo que lo metió en la cárcel seis años por su espíritu liberal. Y el mismo rey que tuvo que rendirse ante el pueblo aquel marzo de 1820 y jurar la Constitución de las Cortes de Cádiz, aquella cuyo preámbulo escribió el propio Argüelles.

Colocación de la estatua de Agustín de Argüelles en la confluencia del paseo Rosales con Ferraz, su nueva ubicación.
Colocación de la estatua de Agustín de Argüelles en la confluencia del paseo Rosales con Ferraz, su nueva ubicación.CRISTÓBAL MANUEL

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