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Crítica:

La esencia de la conducta

Los principios solo están en las mentes de los seres humanos hasta que hay que ponerlos en práctica. Después se olvidan. ¿O no? En un mundo presidido por la supervivencia física y moral, por la pura y dura práctica, las teorías se vienen abajo con demoledora asiduidad. Porque, ¿realmente hay gente con principios, capaz de llevarlos hasta sus últimas consecuencias? Seguro que sí, pero qué difícil resulta hallarlos. He aquí algunas de las preguntas y respuestas que parece plantear Roberto Fontanarrosa, mito de la cultura popular argentina, comediante, cuentista, novelista, futbolero eminente, en el guion de Cuestión de principios, una de sus contadas aproximaciones al mundo del cine. Una película de planteamiento interesante aunque de desarrollo algo reiterativo, en la que vuelven a reunirse los talentos interpretativos de Federico Luppi y Norma Aleandro tras el éxito mundial de hace unos años de El hijo de la novia.

CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

Dirección: Rodrigo Grande.

Intérpretes: Federico Luppi, Pablo Echarri, Norma Aleandro, Pepe Novoa, Óscar Núñez.

Género: comedia. Argentina, 2009. Duración: 109 minutos.

Fontanarrosa y Rodrigo Grande, coguionista y director, reflexionan sobre la fina línea que a veces separa la dignidad de la irresponsabilidad, la honestidad de la cabezonería, por medio de uno de esos dilemas aparentemente inocuos que surgen casi sin comerlo ni beberlo, pero que se pueden convertir en la esencia de la existencia. Eso sí, sus autores lo hacen sin subirse al púlpito de la trascendencia, con una historia a pie de calle destinada al gran público, con demasiadas redundancias informativas y rodada por Grande a través de un vulgar convencionalismo, pero con evidente conocimiento de la maldad de cierto ser humano. Como esa convicción de que, aunque se pueda ser realmente honrado, siempre habrá alguien que le sacará punta a la virtud tildando al sujeto en cuestión de, por ejemplo, simples ganas de hacerse el mártir. La plebe, siempre dispuesta a hacer un hueco al insulto, algo que Fontanarrosa, con su ilustre gracejo de gran conocedor del vulgo, despliega con infinita gracia en, lástima, esporádicos momentos.

¿Principios, qué principios? Quizá los de Groucho Marx. Ya saben: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de marzo de 2011