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Ola de cambio en el mundo árabe | Tensión en la península Arábiga

Arabia Saudí advierte que será contundente contra toda protesta

Las manifestaciones de los chiíes del este del país inquietan a la monarquía

Es la pregunta del millón. ¿Van a llegar a Arabia Saudí las revueltas que agitan al mundo árabe y ya han alcanzado al vecino Bahréin? Todos los ojos están puestos en la Provincia Oriental, donde vive la mayoría de los chiíes saudíes y de donde se extrae el grueso del petróleo de este país. Desde hace dos semanas, pequeñas manifestaciones han atraído la atención de los periodistas y la preocupación de las autoridades. Aunque el discurso oficial asegura que el reino permanece estable, el Ministerio del Interior advirtió ayer que no va a tolerar más protestas y que la policía actuará con contundencia.

"Las normas del reino prohíben de forma categórica cualquier tipo de manifestaciones, marchas y sentadas [...], porque contradicen la ley islámica y los valores y tradiciones de la sociedad saudí", recuerda el comunicado. El texto también señala que las fuerzas de seguridad están autorizadas a usar "todos los medios necesarios contra quienes violen la ley". Viajeros provenientes de Riad han visto en la autopista numerosos vehículos policiales en dirección a Dammam, indicación de que se están reforzando los efectivos ante un eventual aumento de las protestas.

"Los presos olvidados pueden ser el detonante", dice un intelectual chií

Para el viernes están convocadas manifestaciones en todo el país

No parece casualidad que esas medidas se hayan adoptado después de que el viernes unas 200 personas reclamaran, en Hofuf, la liberación del jeque Tawfiq al Amer, un clérigo chií detenido tras haber defendido la monarquía constitucional en un sermón. Hasta ese día, las manifestaciones en Qatif y Awwamiya se habían centrado en pedir la libertad de nueve presos que llevan años encarcelados sin que se les juzgue. Varios periodistas extranjeros, entre ellos esta corresponsal, han sido apercibidos por asistir a esas protestas.

"Los presos olvidados pueden convertirse en el detonante", estima Tawfiq Alsaif, un intelectual chií. "Si la gente logra mantener su presencia en la calle, las peticiones se ampliarán", asegura. Sin embargo, Ibrahim al Mugaiteeb, presidente de Human Rights First, teme que la policía intervenga en el momento en que las manifestaciones empiecen a ser más numerosas.

"Va a depender de los jóvenes", apunta por su parte Jafar al Shayeb, presidente del consejo municipal de Qatif, uno de los oasis en torno a los que se concentra la población chií. "Los mayores hemos canalizado el ansia de reformas a través de peticiones al rey, pero lo que está sucediendo en el mundo árabe está animando a la gente a reclamar sus derechos y no sabemos lo que va a pasar", confía este escritor y activista político.

"La mayoría de mis amigos son partidarios de que las protestas las empiecen los suníes porque si lo hacemos aquí, nos acusarán de ser agentes iraníes", confía M. I., de 30 años, que acaba de obtener un máster, pero como el 30% de su generación está en paro. Los chiíes suponen entre un 10% y un 15% de los casi 20 millones de saudíes, aunque son mayoría en el este del país. M. I. ha accedido a reunir en su casa a un grupo de jóvenes para que compartan sus opiniones con la periodista.

"Tenemos miedo del Gobierno", declara Ali, de 25 años y máster en recursos humanos. "Estoy dispuesto a salir a la calle con un cartel, pero no a enfrentarme a la policía", admite. Recuerdan la represión que siguió a las protestas de 2003 en apoyo de la segunda Intifada palestina. Pero además se sienten solos. "No creo que la gente me secundara si me echara a la calle", resume Ibrahim, ingeniero.

Tampoco niegan el temor a lo desconocido. "Seguimos con mucho interés lo que está sucediendo en Túnez, en Egipto, en Libia..., pero aún no ha terminado. No sabemos qué va pasar y nos preocupa que el resultado sea como Irak", señala Riad, otro ingeniero. Y es que muchos aquí están convencidos de que si no se atienden sus peticiones, Arabia Saudí seguirá el camino de Libia.

"Somos cobardes. Las familias nos educan para que no digamos nada, para que no hablemos de política", concluye Maitham, uno de los jóvenes. Aunque eso parece estar cambiando, según se desprende del intenso debate que mantienen en Internet. Habrá que ver cuántos de ellos responden al llamamiento para manifestarse el próximo viernes en todo el país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de marzo de 2011