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Crítica:

Un temazo sin letra

Muchos dirán que lo importante en una película de animación son los dibujos, y no les faltará parte de razón. Otros dirán que lo esencial en un musical son las canciones, y tampoco les faltará fundamento. Pero, ¿y la historia? Las películas de Pixar, compañía revolucionaria del dibujo animado en los últimos 20 años, han conseguido hasta siete candidaturas al Oscar al mejor guión. ¿Alguien duda de que parte del secreto del éxito de Pixar reside no solo en la perfección técnica, sino en el mimo y el genio con los que están compuestos sus libretos? Chico y Rita, debut en el cine de animación del realizador Fernando Trueba y del dibujante y diseñador Javier Mariscal, es un musical de animación, figura genérica absolutamente novedosa en España. Bienvenido sea el acontecimiento. Pero dibujo y música deben confluir en una historia original, en una estructura dramática coherente, en unos protagonistas atractivos, en unos diálogos brillantes. Y Chico y Rita no acaba de tenerlos.

CHICO Y RITA

Dirección: Fernando Trueba, Javier Mariscal, Tono Herrando.

Dobladores: Mario Guerra, Limara Meneses, E. X. Oña, Estrella Morente.

Género: animación. España, 2009.

Duración: 94 minutos.

Dibujo y música deben confluir en una historia original. Y aquí no pasa

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Porque, siendo la historia un homenaje al Hollywood clásico, de Casablanca al cine negro, el protagonista es un apocado sin sustancia manejado en todo momento por los acontecimientos, por las mujeres (por las que le quieren y por las que no lo quieren tanto), un tipo capaz de salir corriendo por miedo a la responsabilidad en su primer concierto, incapaz de decir nada interesante en hora y media de metraje, incapaz de producir empatía para que la platea anhele el éxito de su historia de amor. Porque la historia, pergeñada por el propio Trueba y el novelista Ignacio Martínez de Pisón, está llena de lugares comunes alrededor del amor, pero en la que este no llega a palparse. Porque los dibujos animados no tienen por qué estar protagonizados por seres de cartón-piedra. Porque a pesar de tratarse de una arrebatada historia cercana al melodrama, esta nunca emociona, como un temazo sin letra. Porque el engranaje principal, la relación entre Chico y Rita, tiene algunas incomprensibles salidas de tono, lejos de la digresión enriquecedora y cerca del lujoso pegote narrativo.

Lo bueno es que, a pesar de todo lo anterior, aún hay lugar para el rescate, y quizá buena parte de los espectadores lo encuentren. Quedan las músicas de Bebo Valdés, Dizzy Gillespie, Chano Pozo, Estrella Morente, Tito Puente, Thelonius Monk, Budd Powell, Nat King Cole... Quedan los diseños de Mariscal, la bonita mezcla de animación en dos y tres dimensiones, el inconfundible estilo de las películas animadas que han sido rodadas anteriormente por intérpretes de carne y hueso para facilitar la captura del movimiento (de Vals con Bashir a Waking life), además de la exigencia con la que se ha recreado cada esquina de La Habana de los años cuarenta y cincuenta, y una espectacular persecución en coche. ¿Suficiente? No.

Aunque quizá para usted sí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de febrero de 2011