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Análisis:Ola de cambio en el mundo árabe | La crisis, vista desde Ammán

Memorias de Irán

La revuelta de Túnez ha servido de detonador, pero el escenario egipcio recuerda más bien el antecedente iraní de 1978 en lo que concierne al enfrentamiento entre un pueblo que ha perdido el miedo y un régimen dictatorial cuya única baza es ya una represión a ultranza llevada a cabo por el Ejército. Ciertamente, la brecha abierta por el tiempo no puede ser ignorada: la tecnología ha avanzado y el papel que desempeñaron entonces las casetes enviadas desde Francia por Jomeini lo juegan ahora Internet y teléfonos móviles, en cualquier caso medios de comunicación que desde la sociedad civil salvan la censura estatal. En apariencia, el peso de la religión fue mucho más fuerte en Irán, aunque esta distancia es menor si pensamos en la presencia de los Hermanos Musulmanes, única organización con capacidad de movilización de masas en el Egipto de hoy y que dispone de una real hegemonía en todos los aspectos de la vida social.

A partir de este parentesco, el politólogo Giovanni Sartori acaba de publicar un artículo titulado Ilusiones y desilusiones en el Corriere della Sera, en el cual advierte acerca de los peligros de una actitud como la de Obama, repitiendo el error de Carter en enero de 1979 al desaconsejar a los militares iraníes la resistencia a la revolución en curso. El espíritu misionero de ambos habría llevado a la catástrofe, así que "escojamos el mal menor", apoyando a Mubarak que fue siempre un leal aliado de Occidente y un hábil freno para el islamismo. De forma más áspera, lo que propone ese verdadero organizador de catástrofes para su propio país que es Netanyahu.

La miopía de semejante crítica reside ante todo en que si las cosas han llegado al punto crítico en Egipto, o antes en Irán, no es por un impulso irracional de masas, sino por un rechazo bien justificado del carácter represivo y corrupto de ambos regímenes, y aquí la principal responsabilidad no toca solo a Europa, sino por encima de todo a Estados Unidos, que llega tarde a la hora de ejercer la misión democrática. Sostener a Mubarak equivale a entrar en un escenario de dictadura militar a ultranza, cuando no de guerra civil. Cierto que los islamistas están ahí y que seguramente poseen la principal baza electoral, como están los yihadistas que si creemos a la CNN asaltan el museo de El Cairo y cortan las cabezas de las momias faraónicas ("Faraón" es el símbolo coránico del tirano opuesto a Alá). De momento, el protagonismo es otro y debiera corresponder a un Gobierno de unión democrática, con El Baradei tal vez al frente, y por supuesto con los Hermanos Musulmanes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de febrero de 2011