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Ola de cambio en el mundo árabe | Los papeles del Departamento de Estado

EE UU cree que el Ejército no apoya a Gamal Mubarak como sucesor

Washington considera que el gran aparato policial impedirá un cambio violento

Con el presidente Hosni Mubarak, de 82 años, los efectivos de las fuerzas de seguridad en Egipto "alcanzan, según las estimaciones, 1,4 millones de hombres, [1,7% de la población], el doble de su tamaño con [Anuar el] Sadat", el jefe de Estado egipcio asesinado en 1981. "Eso hace improbable cualquier cambio violento de líder", señalaba en 2007 la Embajada de EE UU en El Cairo.

Margaret Scobey, la embajadora de EE UU, escribía en 2009 que el presidente egipcio contaba con su ministro del Interior y el servicio de inteligencia para "mantener a la bestia doméstica bajo control y Mubarak no es de aquellos que sufren insomnio con relación a los métodos" que puedan emplear. De ahí que los diplomáticos norteamericanos relaten todo tipo de violaciones de los derechos humanos empezando por un empleo sistemático de la tortura.

Para la Casa Blanca Hosni Mubarak es un aliado vital ante Irán y Hamás

El día en que las protestas en Egipto alcanzaron su cénit, Wikileaks hizo públicos en su web cientos de cables de la representación diplomática de EE UU en El Cairo que obraban en su poder y en el de los cinco medios de comunicación con los que se asoció para difundirlos.

Describen una relación contradictoria, a veces tirante, entre la superpotencia y el mayor país árabe. Washington tensa, a veces, la cuerda a propósito de los derechos humanos que vulnera el régimen egipcio, pero considera a Mubarak como un aliado vital frente a Irán y a otras fuerzas como la palestina Hamás.

Ante un presidente octogenario y un país, pivote en Oriente Próximo, de 80 millones de habitantes, EE UU está obviamente preocupado por la sucesión. El más firme candidato es Gamal, de 47 años, el hijo pequeño de Mubarak.

Ya en 2006 la Embajada de EE UU señalaba que Suzanne Mubarak, la esposa del presidente, es la "más ardiente partidaria" de Gamal para "heredar" el cargo. Pero esa sucesión conlleva, a ojos de la diplomacia estadounidense, algunos problemas. Primero "la posibilidad de que Gamal sustituya a su padre es profundamente impopular en la calle".

Además, "a diferencia de su padre, Gamal no puede dar por garantizado que contará con el apoyo de los militares", porque nunca ha sido oficial del Ejército. Como ya lo fueron en Túnez hace dos semanas, las Fuerzas Armadas son cruciales en la etapa que atraviesa ahora Egipto.

Los expertos con los que se reunían los diplomáticos de EE UU describen a un "cuerpo de oficiales de nivel medio descontentos", porque sus sueldos se sitúan por debajo de los civiles, y a una cúpula militar opuesta a que Gamal acceda a la jefatura del Estado. "Los militares siguen siendo una potente fuerza política y económica", asegura la embajada.

A los estadounidenses les preocupa, por último, la actitud de Mubarak con relación a su sucesión. "Parece confiar en Dios y en unos omnipresentes servicios de seguridad, militares y civiles, para garantizar una transición ordenada", señalaba la embajadora Margaret Scobey.

"En un escenario de sucesión desordenada es cada vez más difícil de vaticinar cual será la actuación de los militares", recalcaba. Esa es la situación a la que parece encaminarse Egipto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de enero de 2011