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COLUMNA

Provechos y aprovechados de la crisis

Quien no se consuela es porque no quiere. Cuando la cosa ya no tiene remedio, declaramos que no hay crisis mala. Aprovecha una buena crisis, dice el proverbio popularizado por un economista asesor de Barack Obama. Echamos mano del significado chino: es una oportunidad. En eso estamos, aunque con dos variaciones interpretativas. La buena: aprovecha la urgencia para realizar las reformas dolorosas que no se pudieron hacer en los buenos tiempos de la burbuja. Y la todavía más buena, por más que inmoral: aprovecha la confusión para sacar tajada. No es fácil separarlas. Raramente quien quiere sacar tajada sale a cuerpo gentil sin coartadas. Es la diferencia que hay entre aprovechar la oportunidad y el oportunismo.

Los profetas del Apocalipsis tienen su hora de gloria: Europa hundida, España intervenida, Cataluña aherrojada

También sucede, quizás donde más, en la política. Aprovechar la crisis significa para quien está en la oposición la oportunidad de recuperar el Gobierno. Cuentan los ritmos históricos: Zapatero se creía un hombre de suerte hasta que llegó el vendaval. (El afortunado fue Aznar, que presidió el periodo de dinero barato más largo de la reciente historia de Europa.) De perdidos al río: ahora este presidente tan atento a los sondeos de popularidad está dispuesto a demostrarse impasible ante la impopularidad. También es una forma de aprovechar la crisis: ya que hay que podar, convirtámonos en mártires de la poda, sacrificados en el altar del euro y de la estabilidad monetaria.

Decir que Mariano Rajoy aprovecha la crisis es poco: flota y hace surf sobre ella. Equilibrio y poco peso es lo que se necesita para mantenerse sobre la tabla. Aznar le ha dado el equilibrio, desactivándose como líder ideológico alternativo, y su propia indefinición ideológica le sigue dando la ligereza. Su mérito es que ya ha conseguido ambas cosas cuando falta más de un año para las elecciones. No es extraño que declare a España con sed de urna. España tendrá quizás sed de puestos de trabajo, pero lo que cuenta es otra cosa: lo que es bueno para Rajoy es bueno para España. La mejor pirueta en este ejercicio de surfing ha sido el quiebro sobre el Estado autonómico: el lunes tocamos a rebato para reformarlo entero y el sábado queremos solo pequeños ajustes sin importancia.

Ligereza no es vaciedad. Aunque Mariano Rajoy se haga el autonomista, el misil ya está lanzado. Todo el mundo lo ha entendido. No hubiera tenido sentido un suicidio colectivo de cara a las elecciones locales y autonómicas de mayo. Como Fernando VII con la Constitución de Cádiz: defendamos, y yo el primero, el Estado de las autonomías. Luego ya veremos. El PP no es el único que quiere aprovechar esta crisis para recuperar su cierta idea de España. Cada uno hace lo que puede en este capítulo. Las crisis son la oportunidad para quienes siempre esperan algo definitivo y general. Unos, cerrar el Estado autonómico y terminar de una vez con los chantajes, el regateo, el victimismo y los pinganillos. Los otros, pasar página al autonomismo y salirse del Estado. Ambos de acuerdo en que el Estado autonómico es inviable. El choque de trenes, vaya. La cita, en 2012; con la hipótesis de una mayoría absoluta de Mariano Rajoy por un lado y de un catalanismo arremolinado alrededor de Artur Mas y Convergència i Unió por el otro.

La crisis también aprovecha a los profetas del Apocalipsis, encantados de que sus profecías lleguen a ser autocumplidas. Europa hundida, España intervenida, Cataluña aherrojada. Gusta a tirios y troyanos. Suscita grandes titulares. Se proclama con sonrisas de hiena. A los aprovechados de la crisis les importa un bledo nuestro declive, el de Cataluña, España y Europa. Quieren réditos, y pronto: en dinero o en votos, incluso en la confirmación de sus propios perjuicios: para unos, que Cataluña siempre termina pagando; para los otros, que Cataluña siempre es culpable.

Estos aprovechados puede que saquen algún provecho: esperemos que sea poco y que les siente mal. Pero sus palabras y gestos, lejos de servir para sacarnos de esta, son la piedra en el cuello: de Cataluña, de España y de Europa. Hay que sacar provecho de la crisis, todos juntos, pero hay que evitar sobre todo que la aprovechen los aprovechados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de enero de 2011