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Editorial:

Cortejada por todos

La pujanza económica y política de India la convierte progresivamente en actor global

Los líderes de Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia, miembros permanentes todos del Consejo de Seguridad, han visitado India durante los últimos meses (el presidente ruso y el primer ministro chino en días recientes) y firmado contratos en Delhi por encima de 50.000 millones de dólares. Obama y Sarkozy han manifestado su apoyo a la incorporación india a un Consejo de Seguridad ampliado, como lo acaba de hacer Medvédev. La promesa -a largo plazo y en competencia con media docena de países- no obliga demasiado, pero el cortejo internacional habla claro del creciente perfil político y económico de India.

A esta procesión de dirigentes no es ajeno el hecho de que India vaya a gastarse casi 50.000 millones de dólares en modernizar sus fuerzas armadas, y todos quieran una parte del pastel. El acuerdo más importante firmado por Medvédev (Rusia ha sido socio privilegiado de Delhi durante décadas y su casi exclusivo proveedor militar) prevé el milmillonario desarrollo conjunto de un nuevo avión de combate. Pero el argumento principal es que la superpoblada India ha dejado de ser el país prometedor de hace una década para convertirse en una potencia segura de su ascendiente, y en pocos años en una de las mayores economías del planeta. Hoy crece al 8% anual y su incipiente clase media es casi del tamaño de la población de Estados Unidos. La firmeza de las relaciones entre Washington y Delhi, subrayada durante la visita de Obama en noviembre, es una de las partidas fundamentales en el haber global indio.

Esta renovada confianza y su vigoroso sistema democrático -pese a los graves escándalos políticos consustanciales al caótico gigante- es lo que hace hoy de Delhi un interlocutor sin pelos en la lengua, incluso respecto de las grandes potencias regionales como China. EE UU e India comparten inquietudes (Pakistán y Afganistán entre otras), pero la principal es la imparable proyección mundial de China, de quien India, pese a su explosivo comercio, desconfía profundamente y con quien mantiene un histórico contencioso fronterizo. Por eso, pese a los acuerdos millonarios durante la visita de Wen Jiabao, el primer ministro Manmohan Singh viene denunciando las ambiciones de Pekín en el sur de Asia; o ha rechazado, este mismo mes, la pretensión china para que Delhi se sumase al boicoteo del Nobel de la Paz orquestado por el régimen comunista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de diciembre de 2010