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El arte sonoro de Susan Philipsz gana el Turner

La artista escocesa se impone a la favorita, la española Ángela de la Cruz

La escocesa Susan Philipsz y sus audaces instalaciones sonoras se hicieron anoche con el Premio Turner de arte contemporáneo, desbancando a la española Ángela de la Cruz, que partía como una de las favoritas. El jurado del galardón -auspiciado por la Tate Britain- acabó decantándose por los montajes auditivos de Philipsz, que ha recurrido en sus propuestas a canales tan inusuales como los altavoces de una cadena de supermercados.

El fallo del Turner dio la razón a los pronósticos de las casas de apuestas británicas, que en los últimos días se habían decantado por la artista nacida en Glasgow, frente a las preferencias de un sólido sector de la crítica hacia las pinturas deconstruidas de Ángela de la Cruz. La artista gallega (A Coruña, 1965) ha marcado, en cualquier caso, un hito al convertirse en la primera española finalista del Turner en sus 26 años de singladura, una posición que afianza su nombre en los círculos internacionales y augura un tirón de sus obras en el mercado del arte. Sus pinturas escultóricas o esculturas pictóricas (ella no se define porque "ambos lenguajes se complementan") serán objeto de su primera exposición individual en España, el próximo 21 de enero, en la galería madrileña Helga de Alvear.

Susan Philipsz, de 44 años, atrajo la atención del panel seleccionador del Turner con la instalación audiovisual Espejos, que en su día exhibió el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo. Artista rechazada en su día por la Escuela de Arte de su Glasgow natal, muchos británicos la recuerdan entonando a capella a través de la megafonía de un supermercado o interpretando sus propias versiones de temas de Radiohead, Marianne Faithfull, Nirvana y Velvet Underground frente a la parada de un autobús. Sus propuestas, según el jurado del Turner, reflejan "una tensión entre el sentimiento de las canciones y esos entornos descuidados".

La escocesa era la favorita de la propia De la Cruz entre sus rivales para obtener el premio de 25.000 libras. La crítica más conservadora esperaba, sin embargo, que esta edición confirmara un regreso a la pintura, en una ruptura con el habitual predominio de apuestas más radicales del arte conceptual. El inglés Dexter Dalwood, veterano artista que se inspira en acontecimientos culturales y políticos contemporáneos, era el candidato de este sector, pero anoche perdió su última oportunidad de hacerse con el galardón porque cuenta ya con 49 años. El Turner se concede anualmente a un artista menor de 50 años que, independientemente de su nacionalidad, haya exhibido sus trabajos en el Reino Unido en los últimos doce meses. En ninguna de las quinielas aparecían los cuartos contendientes, Otolith Group, uno de los más destacados movimientos audiovisuales de vanguardia de Londres.

La candidatura de Ángela de la Cruz, residente en Londres desde hace 23 años, se ha traducido en una importante proyección publicitaria de su obra poderosa e inclasificable, de lienzos que se doblan y metamorfosean para, por ejemplo, acabar colgados de un clavo como si se tratara de un abrigo. Obligada a comenzar de cero después de que un derrame cerebral le dejara postrada en una silla de ruedas en 2005, su regreso con una exposición retrospectiva la pasada primavera (After) se vio premiada con la nominación al Turner. Ya de por sí, todo un triunfo.

El triunfo de la estudiante rechazada

Atractiva pelirroja dotada de una bonita voz, Susan Philipsz concibe sus experimentos auditivos para explorar cómo el sonido define el espacio arquitectónico. Uno de sus trabajos más recientes y afamados le condujo a grabar simultáneamente tres versiones de una preciosa balada escocesa del siglo XVI, el lamento Lowlands Away. Ella misma entonó las canciones bajo los puentes del río Clyde, en Glasgow. El resultado pudo apreciarse a través de tres canales de sonido en el último Festival Internacional de Glasgow, en el que emergió como gran estrella. Es la misma ciudad donde hace 21 años se le denegó a Philipsz la matrícula como estudiante de arte, lo que forzó su traslado primero a Dundee (en Escocia) y más tarde a Belfast, para acabar instalándose definitivamente en Berlín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de diciembre de 2010

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