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Una piscina ¿cuadrada?

Alejandro de la Sota recaló ahí porque su hermano pintor, Jesús, tenía amigos en el colegio. "Era gente intimista, sobria y quisimos que él construyera el colegio", recuerda Peña. El arquitecto habló largamente con los alumnos sobre qué querían. Y sin mucho dinero, que suplió con destreza, como el espíritu que guió las casas baratas, resolvió. No dejó nada al azar.

La distancia que existe entre las dos torres que albergan los dormitorios y el edificio común es la misma que un opositor recorrería para bajar de su casa, cruzar la calle y tomar un café en el bar de enfrente; los pasillos, pequeños para evitar ecos o ruidos al hablar; los ascensores salen al rellano para no molestar a los estudiantes; la biblioteca está hundida para favorecer la concentración y las habitaciones tienen forma de L para que desde el escritorio no se vea la cama.

¿Y por qué una piscina cuadrada? "Para evitar competiciones, bastante competitivo es opositar". Palabra de rector.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de diciembre de 2010