La crisis del euro

¿Puede ocurrir aquí?

Los expertos discrepan sobre si España se verá abocada a pedir, como Irlanda, la ayuda de la UE - El margen del Gobierno contra el acoso de los mercados es muy limitado

Culmina otra semana negra para la economía española. Ha habido otras desde que la crisis diera la cara en las principales plazas financieras, hace dos años. Pero ninguna con un balance tan preocupante. No es ya que la Bolsa se dejara un 7% o que la desconfianza en el pago de la deuda pública marcara otro récord. Es que, por primera vez, la apuesta en los mercados a que España necesitará la ayuda de la UE y el FMI ha dejado de ser marginal. Y, como acaba de atestiguar Irlanda, el rescate se paga con creces, a costa del crecimiento económico y, sobre todo, del bienestar de los ciudadanos.

"Van a volver a equivocarse". El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cerró así este viernes una catarata de declaraciones de responsables públicos en defensa de la solvencia de la Administración española, cuestionada como nunca. Zapatero aludía así a la ola de mayo, cuando el rescate a Grecia, llevó a muchos inversores a vender acciones y bonos españoles. Entonces, la desconfianza remitió tras un drástico plan de ajuste en las cuentas públicas, pactado con Bruselas, y los exámenes a cajas y bancos. "Creo que la crisis de deuda que afectaba a España y a la zona euro ha pasado", proclamó en septiembre el presidente español, con notable desacierto. Porque ahora los stress test a la banca no convencen a casi nadie -las entidades irlandesas, causantes del agujero en las cuentas públicas de su país, aprobaron el examen-. Y porque el ajuste al que obliga cualquier rescate de la UE deja en paños menores lo aprobado por el Gobierno español en mayo.

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Decenas de miles de personas se manifestaron ayer en Dublín. Argumentos para la protesta había de sobra. La factura de la catástrofe de sus bancos, asumida graciosamente por el Ejecutivo irlandés, obliga a pedir un multimillonario préstamo de urgencia a la UE y el FMI. La contrapartida es brutal: 25.000 empleos públicos menos, tijeretazo al salario mínimo, subida del IVA al 23%, otro recorte adicional al sueldo de los funcionarios (que bajó una media del 15% este año), más descensos en el gasto social y la inversión. Eso y más le aguarda al sector privado. Analistas privados y expertos públicos coinciden en que Irlanda se adentra en una década perdida. ¿Puede ocurrir lo mismo con España?

La especulación sobre el futuro próximo (y negro) de la economía española ha hecho presa en las portadas de algunos de los más influyentes medios internacionales esta semana (The New York Times, Financial Times, The Wall Street Journal, la prensa alemana en pleno). La posibilidad de que España se vea obligada a pedir el rescate divide a la decena de expertos consultados por este periódico. En lo que sí hay coincidencia es en el escaso margen de maniobra del Gobierno español para aliviar la presión de los mercados. Y en que solo la UE y (con Alemania a la cabeza) y el Banco Central Europeo pueden contener la marea de desconfianza.

"Sí que hay posibilidades de que España necesite ayuda", contesta Wolfgang Münchau, presidente de Eurointelligenc y director adjunto del Financial Times. Los expertos internacionales son mucho más proclives a dar cancha a la hipótesis del rescate. "Con la UE ofreciendo un fondo de ayuda, los mercados solo tienen que elegir un trozo de la tarta y comérsela: tipos de interés cada vez más alto en la deuda de algunos países y un mínimo riesgo de suspensión de pagos. ¿Por qué van a parar? El siguiente será Portugal, y con los bancos españoles sufriendo con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, ¿por qué no ir después a por España?", inquiere

Charles Wyplosz, del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Ginebra. Desmond Lachman, del conservador American Enterprise Institute, se apunta a la mismta tesis y a la misma secuencia. "En mi opinión, es casi inevitable que España pida la ayuda de la UE y el FMI", sentencia.

La percepción de los analistas españoles no es tan pesimista. Xavier Segura, economista jefe de Caixa Catalunya, insiste en que el cumplimiento del plan de reducción del déficit del Gobierno español y la colaboración europea deberían bastar para que este episodio de la crisis acabe pronto. "Por ahora, creo que no va a ser necesario un rescate", señala Pablo Martín Aceña, catedrático de Historia Económica de la Universidad de Alcalá de Henares.

A medio camino se queda Juan Torres, catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla: "De lo que hay posibilidades es de que los que los bancos europeos fuercen a las autoridades y al FMI para que estas impongan a España un plan de rescate, no que España lo pida". Segura sin embargo cree que ese argumento también sirve para alejar el rescate. "Es evidente que no está en el interés de ninguna economía importante en Europa que España tenga dificultades, teniendo en cuenta que la exposición bancaria aquí es elevada para países centrales como Alemania o Francia".

Todos coinciden en que los problemas de la economía española no son los que han aflorado en Grecia o Irlanda. Ni hay evidencia alguna de que se hayan falseado las cuentas públicas -pese a las veladas acusaciones del PP-, como hizo el Gobierno griego, ni se ha tenido que gastar una ingente cantidad de dinero público -50.000 millones de euros en el caso irlandés- para evitar la quiebra de toda su banca. Por comparación, las dudas sobre la economía española, aunque muy preocupantes, no son de la misma envergadura: si las cajas podrán digerir las pérdidas asociadas al boom inmobiliario, si las comunidades autónomas podrán seguir el camino de ajuste público trazado por el Gobierno; o si el mínimo crecimiento económico permitirá generar ingresos fiscales suficientes para pagar la deuda pública.

Pero, de nuevo entre los expertos internacionales cunde la idea de que, tal y como está el mercado, da igual. "El hecho de que la situación española sea diferente a la irlandesa no tiene relevancia. Lo que hay es una preocupación generalizada sobre las consecuencias de un crecimiento bajo en la solvencia del sistema bancario español. ¿Y España aceptará realmente el ajuste económico que le está imponiendo Alemania?", se pregunta Münchau. "El problema básico es que España pidió prestado mucho dinero para financiar la burbuja inmobiliaria", añade Lachman, "y los inversores temen que el fondo de la UE no baste para rescatar a España".

La hipótesis de que España puede necesitar un rescate se leía entre líneas en las últimas declaraciones de Axel Weber, candidato alemán a la presidencia del BCE, que abrió la puerta a una ampliación del fondo, dotado ahora con 750.000 millones. El Gobierno español contestó a la presión de los mercados con una reafirmación en su plan de ajuste, con un compromiso de aprobar las reformas anunciadas en los próximos meses y con una exigencia de mayor transparencia al sector financiero y a las comunidades autónomas para zanjar las especulaciones.

Otra coincidencia entre los expertos consultados: no hay mucho más que el Ejecutivo de Zapatero pueda hacer. "El Gobierno español, por su parte, debe mantenerse firme en su compromiso con el proceso de consolidación fiscal y, además, continuar con el proceso de reformas estructurales que ha empezado a emprender", abunda David Carrasco, responsable del departamento de macroeconomía del Banco Sabadell. "Entre las reformas, es prioritario que se afronte ya el futuro de las pensiones", matiza Juan Luis García Alejo, de Inversis. Para García Alejo, sin embargo, el cumplimiento de los planes del Gobierno "siendo condición necesaria puede no ser suficiente. Las dinámicas del mercado son imprevisibles en el corto plazo". De nuevo, más pesimista Wyplosz: "No creo que el Gobierno pueda hacer mucho, le toca mover al mercado. Si es necesario, la mejor opción es negociar cuanto antes las condiciones del rescate para evitar sufrir las consecuencias de altos tipos de interés en la deuda pública durante demasiado tiempo. El Ejecutivo irlandés esperó demasiado y perdió el control de la situación".

La UE asumió la constitución del fondo de rescate para evitar que los Gobiernos (Grecia) o los bancos (Irlanda) tuvieran que afrontar una suspensión de pagos, una opción que ahora varios expertos consideran menos costosa y más justa. Y se quedó todavía muy lejos de la unión fiscal que permitiría a la UE responder de forma automática por la deuda emitida por cualquiera de sus países miembros. Los expertos creen que solo otro paso adelante de los Veintisiete permitirá salir con buen pie de la situación.

García Alejo apuesta por ampliar ya el mandato del BCE para que haga una inyección monetaria en la economía europea que reactive el crédito y el crecimiento, a imagen de la polémica medida adoptada hace un mes por la Reserva Federal estadounidense. "El Gobierno español no puede hacer mucho por sí mismo pero sí tiene peso suficiente como para mostrar a Europa lo que ocurriría si se le fuerza a ponerse definitivamente de rodillas ante los especuladores", defiende el catedrático Juan Torres. "El Banco Central Europeo podría evitar que prosiga el acoso especulativo si asume la financiación de la deuda mediante programas bilaterales, reembolsando a los Estados sus intereses", argumenta.

"Es el momento de dar un paso inequívoco adelante en una política presupuestaria común a nivel europeo. En el corto plazo, también ayudaría bastante que el BCE echase una mano siendo un poco más activo que hasta ahora en la compra de deuda pública de los países que están viendo aumentar sus diferenciales", agrega Xavier Segura, economista jefe de Caixa Catalunya.

Nada de eso ocurrirá de la noche a la mañana. Primero habrá que comprobar como reaccionan los mercados a los detalles del rescate a Irlanda, que los ministros de Finanzas dirimen hoy. La tensión se mantendrá al menos hasta el 7 de diciembre, cuando el Gobierno irlandés pone a prueba su precaria mayoría en la aprobación (o no) de los Presupuestos para 2011.

Pero la volatilidad reinará en los mercados hasta mediados de diciembre, cuando el Consejo de la UE se reúne para decidir como se ayudará a los países con problemas a partir de 2013. "Bien hará ahí España en vetar la propuesta francoalemana de hacer partícipes a los inversores privados en los futuros rescates", señala Münchau, que se hace eco de la extendida opinión de que ese debate ha llevado a muchos inversores a alejarse de los bonos de países periféricos, en los que más posibilidades habría de sufrir una quita (en otras palabras, que no se les devuelva todo lo acordado).

Para España, quedaría pendiente un examen más. En palabras del catedrático Martín Aceña: "La duda quedaría completamente despejada si se atisbara una reducción del desempleo". Y ni el Gobierno piensa que eso pueda ocurrir hasta mediados de 2011.

Decenas de miles de personas se concentraron en el centro de Dublín para portestar contra el plan de ajuste del Gobierno irlandés.
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