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Editorial:

Una campaña ligera

Cataluña acude mañana a las urnas tras dos semanas con poca concreción de propuestas

La campaña electoral catalana, que ayer tocó a su fin, no ha conseguido ni movilizar a la ciudadanía ni concretar con claridad las distintas propuestas de los candidatos. Los tres meses de agitación de los partidos, desde que el presidente José Montilla fijó la convocatoria para el 28 de noviembre, apenas han servido para que cambiara la actitud del electorado. Al contrario, en este tiempo ha disminuido incluso la desazón política que dejó la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, al igual que parecen haberse diluido los efectos de la manifestación que movilizó el 10 de julio a millares de catalanes en defensa de la integridad de su texto estatutario.

El virtual vencedor de los comicios, CiU, se ha movido en terrenos muy vaporosos en cuanto a propuestas, subido en la ola gigante que la sitúa al borde de la mayoría absoluta. Artur Mas, con su pacto fiscal Cataluña-España, ha tratado de capitalizar el descontento por la sentencia del Constitucional. Pero el dirigente de CiU ha evitado cuidadosamente convertirlo en algo inmediato y ha situado en 2013 la fecha "ideal" para comenzar a abordar la propuesta; todo fiado a lo que suceda tras las elecciones generales de 2012, cuando deberá decidir sus alianzas. Así escribió su historia el pujolismo, que siempre rehuyó los frentes nacionalistas.

El estado de gracia de Mas contrasta con la situación de José Montilla, el primer socialista español que lidia con las consecuencias de la crisis y el primero al que el tsunami ciudadano contra los recortes se va a llevar por delante. Su campaña ha tratado de sacar de casa a los 300.000 electores socialistas atraídos por la abstención. La presencia de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero ha tenido la voluntad de animar el granero de votos de la izquierda en el cinturón barcelonés. Pero lo único que pueden ofrecer los socialistas es una gestión más social de la crisis. El PSC intentó levantar la campaña con la propuesta de un cara a cara de Montilla con Mas. Después de rehuirlo durante los días anteriores de campaña fue finalmente la Junta Electoral la que acabó con esta súbita pretensión de última hora. Así la opinión pública se quedó sin ver la que podría haber sido la confrontación más sugestiva.

Junto a CiU, el PP puede beneficiarse parcialmente del tsunami de cambio, aunque en el mejor de los casos será tercero en Cataluña. La campaña popular ha bordeado la xenofobia en relación con la inmigración. El videojuego de las juventudes del PP, luego retirado de la Red, invitaba a liquidar a inmigrantes, amén de independentistas. Los populares han dirigido toda su artillería a rebañar votantes a partidos xenófobos y a hacerse con la bandera de la supuesta persecución lingüística, en competencia con Ciutadans.

Para complementar al PP, Esquerra ha vuelto, con sus exabruptos sobre la "fiesta fiscal" andaluza, a la fórmula de tensar las relaciones Cataluña-España. Se trata de una propuesta, como buena parte de las demás, tan liviana de contenido como retorcida y provocadora en la forma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de noviembre de 2010