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COLUMNA

Voltaire y Don Quijote

Tal día como hoy, hace 346 años, nació Voltaire. La verdad es que el autor de Cándido tiene aparentemente muy poco que ver con Madrid, pero aquí hay innumerables volterianos, algunos de ellos casi en clandestinidad. Conozco a un cura madrileño que asegura en privado que, después del evangelio, quien más ha influido en su vida es el filósofo francés. Pero, claro, lo tiene que mantener en secreto porque Rouco es capaz de estigmatizarlo y Ratzinger de excomulgarlo.

Una de las mejores ediciones del volteriano Diccionario filosófico es obra de un vasco que anda mucho por Madrid, Fernando Savater. Es el único voluminoso diccionario que he leído de una sentada y que releo de vez en cuando para airear la mente. Por otra parte, muchos especialistas señalan las similitudes entre el Cándido y la mejor obra del mejor escritor madrileño de todos los tiempos, Cervantes. Cándido va siempre acompañado de un "escudero" hablador como Sancho. Y ambos se lanzan al mundo en busca de su Dulcinea, que en este caso se llama Cunegunda, la pobre.

Soy bastante aficionado a las efemérides, que a veces me dan un ataque de risa. Por ejemplo, ayer fue el aniversario de la muerte del gran Tolstói (1910), pero también lo fue de José Antonio Primo de Rivera (1936) y de Francisco Franco (1975). Mañana hará 47 años del asesinato del presidente Kennedy. Es un conjunto de muertos que nada tienen que ver entre sí, excepto en el caso de Franco y el falangista. Pero el general dejó que lo mataran.

Volviendo a Cervantes, él acabó fulminantemente con las novelas de caballería, basura de la época, pero no tanto como la actual, con una genial novela de caballería. Para acabar con las basuras televisivas que padecemos hacen falta otro Cervantes y otro Voltaire, que nos liberen por toda la eternidad de esos excrementos apestosos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de noviembre de 2010