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Reportaje:

Con Nanni Moretti hemos topado

El director termina su película sobre un Papa neurótico encarnado por Piccoli

Una larga fila de cardenales a punto de acceder al cónclave. En la sala, solemne y enorme, invadida por el púrpura, destaca una única mancha blanca: es el Papa recién elegido, sentado con aire ausente, casi atontado. Abajo, rodeados por la columnata de la plaza de san Pedro, periodistas de todo el mundo esgrimen cuadernos y micrófonos con la vista levantada hacia la chimenea de la Capilla Sixtina: de un momento a otro esperan ver el humo blanco que acompaña la elección de un nuevo Pontífice. No es un recurso a la hemeroteca, sino escenas de la nueva, secretísima, película firmada por Nanni Moretti, Habemus Papam.

El director italiano (1953) vuelve a abordar un tema delicado. Ya lo hizo en 2006, a pocos días de las elecciones que dieron una ajustada victoria al centro izquierda, cuando estrenó El Caimán: un largometraje con la ambigua epopeya de Silvio Berlusconi como telón de fondo. Pero el tono hondo que impregnaba su trabajo hace cuatro años se transforma en Habemus Papam en una atmósfera ligera, jubilosa, casi de comedia. Al menos, así parece por las pocas escenas adelantadas en la noche del jueves por la RAI, la televisión pública italiana productora del filme junto con Fandango y Sacher Film.

No se sabe mucho más de la película, que se estrenará en Italia en primavera. El secretismo es absoluto y habitual cuando de este autor tan lúcido y polémico se trata. Lo único cierto es que la cinta se centra en un Santo Padre asaltado por las dudas y en un psicoanalista que intenta despejárselas. El médico es Nanni Moretti, como siempre personaje de sus propios largometrajes, mientras Michel Piccoli, actor muy querido en Italia, interpreta al prelado.

Todo empieza con la muerte de un Papa y la reunión del cónclave para elegir al sucesor. Cardenales golosos en continua búsqueda de pasteles juegan a balonmano o a las cartas entre sesión y sesión, hasta que la decisión cae sobre un inseguro e incierto prelado, que se arrastra a la silla de san Pedro casi en contra de su voluntad. El Papa designado no quiere ni asomarse a la ventana para presentarse al mundo; los temores de no dar la talla lo empujan a buscar la ayuda de un especialista. La historia recuerda el episodio histórico del fraile ermitaño llamado a ocupar la silla de san Pedro en 1294 con el nombre de Celestino V.

Sin embargo, el condicional es obligatorio. La píldora regalada la otra noche al selecto público de la  fiesta romana fue preparada por el propio director mezclando escenas rodadas (se escucha la claqueta al principio de cada corte) y minutos fuera del guión. Se ven primeros planos de algunos protagonistas: el actor y director polaco Jerzy Stuhr, amigo de Moretti y los italianos Margherita Buy o Franco Graziosi. También se pudo ver a Moretti dirigiendo con el megáfono y a un nutrido tropel de figurantes, lanzando la pelota al aire o jugando a las cartas con los cardenales.

El rodaje comenzó en febrero y se desarrolló entre los estudios de Cinecittà y Palacio Farnesio, sede de la Embajada francesa en Roma. El Vaticano negó al director la autorización para rodar en la Capilla Sixtina, a pesar de que el guión gustó a los supervisores del Consejo de la Cultura Pontificio. Además, La misa está terminada, película de 1985 en la que Moretti vestía la sotana de Don Giulio, humanísimo cura angustiado por los problemas de sus parroquianos, tuvo buena prensa en el Vaticano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de noviembre de 2010