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CARTAS AL DIRECTOR

Juguete navideño

El catálogo de juguetes de Navidad de los centros comerciales ya está en el buzón. Como todos los años, unas páginas llevan fondo rosa. Como todos los años, sabemos que están destinadas a un grupo que lleva por nombre "niñas". Princesas, muñecas, planchas de juguete, minúsculos carros de la compra, estuches de maquillaje. Ha desaparecido el Ministerio de Igualdad y se ha cuestionado su necesidad. Qué se le va a hacer. Seguimos adelante, aunque da la sensación de que traer una hija al mundo es arrojarla a una galería de purpurina y corazoncitos donde se le repetirá el mensaje "estás obligada a ser dulce, tímida, atractiva, y por supuesto a cargar en tu espalda, sin perder la sonrisa, el bienestar de los demás, el placer de los demás, la supervivencia de los demás; en una sentencia: eres una mujer y por lo tanto eres femenina".

Pero hay una página del catálogo imposible de ignorar, que muestra un nuevo juguete para las niñas. Es un sacaleches. Una pera de goma con un tubo que, según nos indica la foto, ha de aplicarse la niña que juega sobre su pecho liso. Después pone el biberón de juguete sobre el sacaleches y ya puede jugar a que alimenta a su muñeco. Más allá de lo inquietante o escandaloso que resulta ver un cuerpo infantil ejerciendo una actividad inseparable de la actividad sexual y reproductiva adulta, lo que duele es ver, en ese color rosa omnipresente, la seriedad con la que la modelo, de no más de seis años, extrae la leche inexistente de su pecho inexistente. Ella quizá no lo sabe, pero los adultos sabemos que uno de los principios del juego es la mímesis: ser un vaquero, una enfermera, ponerse los zapatos de los padres. Sin embargo, hay un mensaje perverso en el juguete que alude a una condición exclusiva de un sexo.

Ante este panorama, todo el que quiera sacar la cabeza del asfixiante reparto de roles del catálogo de juguetes tendrá que expresar que se puede nacer con un sexo asignado, pero que vivir es elegir: no se nace mamá, no se nace sexy, no se nace tierna. Tampoco se nace machote, ni débil, ni héroe. Se juega y se elige, ante todo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de noviembre de 2010