Crítica:LA PELÍCULA DE LA SEMANA | cineCrítica
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Intrigas en la campiña. ¿Y...?

El título de esta columna es enfático, maximalista, injusto casi siempre para mis elementales percepciones. El enunciado es La película de la semana. Y te preguntas qué significa la película de la semana, en qué se basa ese acontecimiento para despertar tanta trascendencia, las razones para aconsejar al lector anónimo que su vida va a estar incompleta si no pilla las esencias de ese espectáculo de obligada visión. Como no puedo, ni quiero, ni sé ser analítico, ni riguroso, ni farsante, ni plasta, no quiero dedicar un espacio privilegiado al onanismo mental sobre películas y autores en las que hay poco que contar, aunque nada de lo que en ellas ocurre te resulte antipático.

Tamara Drewe la firma Stephen Frears, un director que en los viejos y añorantes tiempos en los que un autor tenía su público, que pasaba por taquilla en la seguridad de que una expectativa iba a ser colmada, suponía un acontecimiento mayor o menor, pero siempre despertaba determinado interés, tenía su parroquia. Frears solo ha firmado una obra maestra, con un guión sobre el magnetismo de la maldad que podría haber escrito y dirigido el mejor Mankiewicz por su sutileza y su sabiduría, sobre las relaciones humanas, por su complejidad y su perversión, titulada Las amistades peligrosas. Antes y después de ese milagro, siempre ha sido mordaz, vacilón, costumbrista, un creador que se siente mejor rodando en su ambiente, hablando con ingenio y comprensión de mundos que conoce. Tamara Drewe es la adaptación de un cómic del que los adictos y especialistas me cuentan maravillas. Transcurre en la campiña inglesa, en algo tan jugoso satíricamente como un refugio para escritores, inexistentes o exitosos, cuna de impotencias y amarguras, regido por esas pasiones del bajo vientre, por esas mentiras a uno mismo y a los más cercanos que suelen acabar mal. Y es una comedia sarcástica, con cierta gracia, a veces fallida en el desarrollo de personajes supuestamente hilarantes y muy creíbles en el desconcierto adolescente, la mitomanía, el furor más mental que vaginal de dos crías hartas de su insatisfacción, enamoradas de un batería punki, o sea, de peluche.

TAMARA DREWE

Dirección: Stephen Frears.

Intérpretes: Gemma Arterton, Roger Allam, Bill Camp, Dominic Cooper, Luker Evans, Tamsin Greig.

Género: comedia. Reino Unido, 2010.

Duración: 109 minutos.

Es una comedia sarcástica, con cierta gracia, a veces fallida

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¿Qué estrenos de la semana pueden movilizar a los enamorados del cine? He sentido agradecimiento ante la sensación de que te encuentras con buen cine en el creíble triángulo sentimental de Bon appétit, esa historia de ritmos distintos en algo tan inaplazable llamado amor, que retrata David Pinillos. Es en el mejor sentido sentimental, es de verdad, tiene algo conmovedor y auténtico.

¿Y cuál es la mejor película de la semana? Es la quinta y última temporada de The wire (no te has enterado, Javier Marías, de qué va la historia, llega al final, sé feliz y pide perdón por tu arrogante despiste), aunque numerosos oficinistas, vagos, sindicalistas sin neuronas y con morro cuya eterna salvaguarda es su patético carnet o la filiación a un sindicato, gente que no ha escrito una línea, una información o un reportaje que justificara que alguien se compre algún día el periodico, crean que ellos son los gloriosos perdedores que retrata David Simon. También conozco a un ejército de mediocres bien pagados y asegurados que hacen suya la épica certidumbre de Russell Crowe en La sombra del poder: "Para ciertas noticias hay que mancharse las manos de tinta". Y tan contentos, pensando que ellos son los heroicos protagonistas de esa historia de ocaso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 12 de noviembre de 2010.