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Entrevista:SCOTT TUROW | Escritor

"Se ha escrito mucha ficción en nombre de la ley"

Con 25 millones de libros vendidos, Scott Turow (Chicago, 1949) podría retirarse para siempre. O, al menos, dedicar todo su tiempo a escribir. Pero mantiene su trabajo y su prestigio como abogado en Chicago, donde, por cierto, forjó una buena amistad con el ahora presidente de EE UU, Barack Obama. El autor de Presunto Inocente, una de las grandes referencias de los thrillers legales, vuelve a las andadas 23 años después con una secuela: Inocente. Un riesgo, el de mancillar una obra que funcionó a la perfección, que ha corrido por una necesidad de devolver la visita a su protagonista.

Pregunta. ¿Por qué se arriesga haciendo la secuela de un buen libro?

Respuesta. Sí, no parece una buena estrategia literaria [se ríe]. Cuando la escribía notaba a un buitre en mi hombro esperando a la muerte. Tenía miedo de esa comparación con la anterior. Pero quería escribir sobre ese hombre que llega a los 60 y se da cuenta de que no es feliz. Y bueno, la novela ha sido bien recibida.

"Juzgo a mis personajes a medida que voy escribiendo la historia"

"La elección de Obama fue el auténtico fin de la guerra civil"

P. ¿Sigue ejerciendo como abogado para alimentar a sus libros?

R. Esa es una razón. Surgen casos de los que tomo ideas. Pero también lo hago porque pienso que la gente necesita ayuda práctica. Me hace sentir bien.

P.¿De dónde diría que procede la pasión en EE UU por la ficción sobre abogados y jueces?

R. La ley domina la sociedad americana. Es el único lugar donde se puede despachar realmente con los cambios sociales. Es una institución poderosa y la gente quiere saber de ella. La ley, como en el Watergate o el impeachment de Clinton, puede invadir cualquier institución. Cuando yo era niño, Perry Mason era puro. Ganaba todo, su secretaria lo amaba... Pero los estadounidenses ya no ven así a los abogados y quieren saber cómo son.

P. ¿Hay demasiada mala literatura en la redacción jurídica, demasiada imaginación?

R. El truco de la ley siempre ha sido separarse a través de la lengua. Porque solo es eso, palabras. Piensas en la mecánica, las cárceles... Pero es una construcción verbal. Por eso siempre se escribe de esa forma, para crear una cierta hermandad en la que nadie de fuera entiende nada. Luego, sí, también hay muchas suposiciones. Es cierto que hay mucha ficción escrita en nombre de la ley.

P. En sus libros insiste en la idea de que se puede ser culpable y al mismo tiempo ser bueno...

R. Es que se puede ser un monstruo y mostrar cierto coraje y sentido de la moral. He tenido casos así. El bien y el mal pueden residir en la misma persona. La cuestión es en qué porcentaje.

P. Cuando escribe una trama, ¿sabe dónde va o juzga en tiempo real a sus personajes?

R. No sé mucho al principio. Empiezas en algún lugar, sabes que mueren, pero no cómo... En cierto modo sí es como un juicio, una prueba. En EE UU, antes tiraban a las mujeres al agua para ver si eran brujas. Si flotaban eran brujas, si se hundían... mala suerte. Yo les hago ese juicio.

P. Usted conoció a Obama antes de ser senador. ¿Cómo era?

R. Extremadamente inteligente. Estuve sentado tres horas en una cena con Michelle. Pensé, 'tengo que conocer al tío que ha venido con ella; o es tan increíble o no es nadie y ella es la estrella total de la familia'. Crucé la habitación y me presenté a Barack. Enseguida vi su poder intelectual, enorme. Leí su libro y me encantó. Él era profesor y abogado. Le mandé una nota y nos hicimos amigos. Solíamos hablar de libros y le apoyé en su carrera política.

P. Pero no le apoyó en su carrera como senador...

R. Ja, ja, ja. Barack optó una vez al Congreso contra Bobby Rush (congresista negro del mismo distrito). Me llamó y me dijo que le ganaba seguro, que estaba chupado. Rush se llevó el 73% de los votos. Cuando quiso optar al senado, le contesté que si iba a ser igual de fácil. A la tercera llamada me dijo: 'Entiendo que estés enfadado por lo de la última vez, pero piensa en si hay alguien que prefieras para ese puesto'. Y entonces empecé a apoyarle. Es extraño ahora ser abogado en Chicago porque todos le conocemos de cerca. No he vuelto a hablar con él en tres años. Ahora mismo hay 300 millones de personas que requieren su atención más que yo.

P. ¿Entiende que algunos estén decepcionados con él?

R. Estoy de acuerdo con la mayoría de cosas que ha hecho. Su problema es que su elección tuvo un significado enorme, fue el auténtico fin de la guerra civil. Y es difícil que nunca pueda volver a hacer algo tan importante como eso. Además, lo que los americanos adoran de Obama es lo mismo que no les gusta: es muy cool. Es fantástico pensar que alguien tan calmado está sentado en el Despacho Oval. Pero también hace que sea difícil creer que alguien así pueda entender el dolor que sufre ahora mucha gente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de octubre de 2010