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"El escritor tiene que incomodar"

Anjel Lertxundi, renovador del euskera, gana el Premio Nacional de Ensayo

Anjel Lertxundi (Orio, Guipúzcoa, 1948), considerado junto a Bernardo Atxaga y Ramón Saizarbitoria uno de los principales renovadores de la lengua vasca, fue galardonado ayer con el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Ensayo por Eskarmentuaren Paperak (Vidas y otras dudas, editado en castellano por Alberdania). La llamada de la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, sorprendió a Lertxundi haciendo su habitual caminata entre las localidades guipuzcoanas de Zarautz, donde reside, y Getaria. Tras volver a casa, compartir la buena noticia con su mujer y pegarse una ducha, se sometió al zarandeo mediático que conllevan los premios literarios. "Llevo unas veinte entrevistas. No me lo esperaba", reconoció ayer en una conversación con EL PAÍS.

'Vidas y otras dudas' es un dietario que repasa 40 años de oficio de escritor

Lertxundi repasa en Vidas y otras dudas sus 40 años de oficio con un ensayo fragmentado a modo de dietario, con recuerdos, citas y reflexiones sobre la escritura y sus obsesiones literarias más recurrentes. "Quería mostrarle al lector la carpintería del oficio, nunca me gustó ocultar los mecanismos. Yo, como lector, siempre he valorado eso".

Con 18 años, se dio cuenta de que tenía que elegir una de sus dos lenguas, el castellano o el euskera, para escribir. Y se decantó por la segunda. Esto lo he hablado con Gimferrer. Los motivos que nos impulsaron a escribir en nuestra lengua tienen que ver con esa implosión cultural de finales de los 60, con el momento político. Sin esa implosión, sin gente como Gabriel Aresti o Jorge Oteiza, tal vez no hubiera escrito en euskera".

La lengua vasca entonces tenía algo de territorio por explorar. Se implicó como pocos en montar el andamiaje necesario para su avance, participando en la creación de algunas de las editoriales más importantes o como primer presidente de la Asociación de Escritores de la Lengua Vasca. "Durante el tardofranquismo y en la transición había que reinventarlo todo. Yo creía en la recuperación cultural".

La cuestión de la identidad en el País Vasco no es ajena a su obra. "El tema me interesa en la medida en que reflexionemos sobre cómo podemos sacar adelante un discurso de convivencia de identidades, no de enfrentamiento. Si el discurso literario es más sincero, irá contribuyendo a la convivencia". Testigo de los años más duros del terrorismo de ETA, mantuvo posiciones críticas con quienes amparaban su violencia. "Decía entonces que eso nunca sería posible si no hubiese gente que los jaleara". Le costó más de una amistad. "El escritor tiene que incomodar y el primer paso es incomodarse a sí mismo".

Las últimas sombras, Un final para Nora o Felicidad perfecta, llevada al cine el pasado año, son las obras traducidas al castellano más destacadas de Lertxundi, que también ha sido periodista y guionista de series de televisión. Ganó dos veces el Premio de la Crítica de Narrativa en euskera, así como el Premio Euskadi de literatura en euskera.

El lehendakari, Patxi López, felicitó ayer al escritor destacando que su obra ha puesto la literatura en euskera "a la altura de la que se hace en el resto del mundo". En 2009, Kirmen Uribe ganó el mismo premio en la modalidad de Narrativa por Bilbao-New York-Bilbao.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de octubre de 2010