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Hungría teme otro derrame tóxico

La balsa de lodo rojo amenaza con romperse mientras la población es evacuada

Hungría teme otro derrame tóxico

Las alertas sonaron ayer otra vez en Hungría. Nuevas grietas en la balsa de vertidos tóxicos amenazaban con liberar parte de los más de siete millones de metros cúbicos de lodo envenenado y desencadenar un gigantesco derrame. "La situación es muy grave. No queremos crear grandes esperanzas", declaró el primer ministro, Viktor Orbán, en una conferencia de prensa en Ajka, ciudad próxima a la balsa que se rompió. Orbán consideró "muy probable" que uno de los muros de la presa se rompa y cause un nuevo vertido de barro rojo, por lo que los 715 habitantes de Kolontar (el pueblo más afectado) fueron desalojados a las seis de la mañana.

Las calles de Kolontar son rojas desde que el martes fueron arroyadas por la marea tóxica. El viernes, dos militares trataban de limpiar con agua a presión la calle principal. Vestidos con monos blancos con capucha, gafas y mascarillas, se daban la espalda y cada uno comenzaba a limpiar en una dirección. Cuando avanzaban unos metros algún camión militar cargado con escombros o barro les obligaba a apartarse. Cuando volvían a la faena se miraban con enfado: el camión había vuelto a llenar de barro rojo la calle. Ese es el sino de Hungría con esta catástrofe, limpiar un poco para ver que el barro regresa.

Las autoridades temen una riada de barro de 500.000 metros cúbicos

El Ejército construye muros de piedra para frenar el vertido

La empresa MAL aluminium lleva más de 50 años depositando en la balsa el fango rojo que queda como desecho al fabricar aluminio. La balsa es gigante (tiene una capacidad de unos 7,5 millones de metros cúbicos, unas siete veces el volumen del Santiago Bernabéu). Cuando el lunes a mediodía se rompió por una esquina uno de los muros de la balsa, vertió alrededor de un millón de metros cúbicos del líquido alcalino que se queda encima del fango. Ese líquido rojo es tremendamente abrasivo y es lo que quemó a familias enteras, como la de Karoly Horvath, que desde el hospital detalló: "Sentíamos cómo la ola roja nos arrancaba la carne".

Pero después de la primera riada queda mucho. Orbán explicó que han aparecido "múltiples grietas" en uno de los muros y que hay fugas: "Esto confirma que hay una probabilidad real de una ruptura y de que caiga la pared entera". El Ejecutivo húngaro calcula que el nuevo vertido sería de medio millón de metros cúbicos, la mitad que el anterior. Orbán detalló que ignoran la composición exacta del barro -análisis encargados por Greenpeace detectaron arsénico y mercurio en niveles más allá de lo normal- y empezaron a tomar muestras del interior con helicópteros. El Ejecutivo insiste en que el pH (que mide la alcalinidad) está en el Danubio cerca de los niveles aceptables (8,3 fue el pH ayer por la tarde, el mismo que el día anterior).

El primer ministro se puso severo con la empresa causante del vertido, y anunció que la planta deberá afrontar "duras consecuencias". MAL, empresa del orgullo socialista y privatizada en los años noventa a un millonario húngaro, solo ha dispuesto 200.000 euros como compensación y pide reanudar ya la producción de aluminio, suspendida por el Ejecutivo desde el lunes.

Ante el riesgo, los 715 habitantes de Kolontar, solo unos kilómetros aguas debajo de la balsa, fueron desalojados ayer. Pero solo 115 fueron al pabellón de deportes y las dos escuelas preparadas para acogerlos en Ajka. La mayoría ya habían dejado el pueblo para alojarse con otros familiares. Era el caso de los cuñados Norbert y Ottila, que el martes se afanaban en buscar entre el barro algo que salvar de su hogar y que ayer paseaban tranquilos por el centro comercial de las afueras de Ajka. Con ellos iba la esposa de Norbert, que ya ha salido del hospital. La orden de desalojo no iba con ellos porque mucho antes habían decidido alejarse de su población.

El siguiente pueblo tras Kolontar aguas debajo de la presa es Devecser. Sus 7.000 habitantes recibieron la orden de tener todo guardado en una bolsa por si tenían que salir corriendo. La policía impide desde ayer el acceso a esas dos poblaciones, que los días posteriores al vertido eran un hervidero de gente que, en muchos casos sin botas ni mascarillas, paseaba entre los militares.

El Ejército construye además cuatro muros de piedra para intentar salvar medio pueblo de Kolontar (el otro media se da por perdido) si el barro llega. El problema, como explica el director de WWF en Hungría, Gábor Figeczky, es que el barro que queda en la balsa es más estable que el líquido que ya salió, pero, a su vez, si hay un escape y esa enorme cantidad de lodo se pone en marcha será casi imposible detenerla. WWF había advertido el día anterior del mal estado de la balsa con una foto tomada en junio en la que se aprecian estrechamientos en una pared. "El tiempo nos da la razón. La balsa estaba en mal estado".

Una portavoz de emergencias, Gyorgyi Tottos, afirmó que era imposible predecir con exactitud si la presa se iba a romper y cuando: "Pueden ser horas o días, hay que esperar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 2010