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Mercè 2010

'Lateros' y policía, como el ratón y el gato

La Guardia Urbana interviene 8.000 latas en una noche en Ciutat Vella

"¿Cerveza, beer?". Dos paquistaníes se acercan a una pareja de agentes de la Guardia Urbana -de paisano- ofreciendo latas. Los lateros salen a La Rambla de las bocacalles del Raval en grupitos de dos o tres. Los hay a decenas. Tantos que en apenas unos pasos, los agentes paran a ocho. El botín, unas 40 latas. El ritual se repite una y otra vez: documentación, intervención de las latas y vuelta a empezar. Son tantos los lateros y tantas las latas que se confiscan que han acabado aparcando un camión de Barcelona Neta en la puerta de la comisaría de la Guardia Urbana de La Rambla. En dos horas y media de la noche del viernes se incautan más de 3.000 latas. Al final de la noche ya son casi 8.000. "Cuando está lleno vamos a un punto verde, descargamos y regresamos", explica un trabajador.

Los lateros se mueven con total impunidad. La gran mayoría son paquistaníes y cuando se les pide la documentación enseñan de todo menos el pasaporte: la hoja del padrón, el documento de expulsión del país, la tarjeta sanitaria o una multa anterior que les han puesto, precisamente, por vender latas. Las multas- por venta ambulante pueden ser de hasta 500 euros- no las pagan. Tampoco les importa perder la mercancía. Van al piso almacén y cogen más. Tal vez por eso, hasta dibujan una media sonrisa cuando les echan el alto. Lo que les puede perjudicar más es una intervención en un almacén. El jueves pasado la Guardia Urbana decomisó 30.000 latas en un local. Al día siguiente ya habían repuesto existencias.

Los agentes X e Y hacen el turno en Ciutat Vella de diez de la noche a seis de la mañana. "No es por la Mercè, esto pasa también los jueves, viernes y sábados", explica Y. Lamentan que por muchas latas que decomisen, el problema no tiene fin. Quien se pone una lata en los labios no piensa donde ha estado escondida: en las papeleras y en las tapas del alcantarillado.

En media hora en la puerta de la comisaría de La Rambla, llegan hasta 34 paquistaníes acompañados de agentes para depositar las cervezas. A veces, el decomiso es mayor: eso pasa si los vendedores van en bici o si dan con un piso almacén. "Les decimos que las bajen y lo hacen", cuenta un urbano. ¿Grupos organizados? "Más bien clanes", apuntan.

Llega a comisaría un coche patrulla cargado hasta el techo de latas y agentes y vendedores hacen una cadena para tirar las latas en el camión. "Jefe, déjeme un lote", insinúa uno. "Ni hablar. Y lárgate", le contestan. A todos les dan un impreso que refleja el decomiso y la multa.

En la enésima intervención que hacen X e Y en La Rambla, la situación es casi cómica. Mientras identifican a dos lateros y las latas están en el suelo, llegan varios compradores. Dos se van al ver que hay policías pero un tercero insiste. No se cree que son agentes y al final ella también es multada por comprar.

El mercado del latero se calma un poco cuando empieza a llover. Entonces, los paquistaníes amplían la oferta: en una mano latas y en la otra, paraguas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de septiembre de 2010