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Editorial:

Generación castigada

Son urgentes políticas de empleo que frenen el desempleo que se ceba en la juventud española

Sin trabajo, sin ingresos, sin casa propia y sin proyecto de vida independiente. Esa es la frustrante realidad que castiga a una gran parte de los jóvenes españoles y que a partir de hoy retrata EL PAÍS con una serie de reportajes y debates. La tasa de paro entre los menores de 25 años es del 42%, el doble de la media nacional y la más alta de Europa. A principios de semana, en una reunión de la Organización Internacional del Trabajo y el Fondo Monetario Internacional celebrada en Oslo, el director de este último organismo, Dominique Strauss-Khan, alertó sobre un problema dramático y urgente: el paro juvenil, de enormes costes económicos y sociales, que está produciendo una "generación perdida". Para la OIT, la situación del paro juvenil en España es sencillamente crítica y de consecuencias devastadoras.

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Las apreciaciones de ambos organismos no son exageradas. La crisis está castigando con especial saña a los jóvenes, a esa generación en la que la sociedad ha invertido más que nunca en términos de educación para ofrecerle después un empleo que requiere una menor cualificación o enviarlo directamente a la precariedad laboral o el paro. Es una generación sumida en la cultura del consumismo y el icono del dinero a la que se está negando un derecho fundamental, el trabajo, y todo lo que ello arrastra. Ya el año pasado, la crisis y el miedo a perder la oportunidad de trabajar se tradujeron en una reducción en el número de nacimientos por primera vez en una década. También en el número de matrimonios y divorcios. España se asoma al abismo de una generación desaprovechada y condenada a perder todos los trenes.

Lamentablemente, la elevada tasa de paro juvenil no es ni siquiera un problema coyuntural que afecte a una sola generación y cuya solución se pueda confiar a la salida de la crisis. Las tasas de paro juvenil españolas, como los niveles de empleo precario, han estado siempre por encima de la media europea y, por supuesto, de las grandes potencias mundiales. Es un problema estructural del mercado laboral español que lastra el presente y el futuro del país y reduce su competitividad. Son razones poderosas para aplicar urgentemente políticas de empleo que faciliten el acceso a un primer trabajo y lograr que los jóvenes -los más preparados de la historia- puedan incorporarse cuanto antes y en condiciones dignas y equitativas al sistema productivo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de septiembre de 2010