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Reportaje:

Acupuntura y un móvil

Irán, sin Ramadán, vive su primer Mundial como una aventura

Participar en el primer Mundial de su historia vale saltarse el Ramadán por unos días. Así deben hacerlo los jugadores musulmanes de Irán y Túnez, las dos cenicientas del grupo de Estados Unidos, que ayer debutaron en una fase final mundialista con un par de esperadas derrotas (ante Brasil y Eslovenia, respectivamente). Más allá de aplazar sus obligaciones religiosas, para ambas selecciones estar en Turquía es una aventura. "Y un orgullo para los jugadores y todo el país poder estar en la misma pista que los jugadores de la NBA, es una oportunidad de que el mundo nos vea", resumen Hamed Haddadi, el pívot iraní compañero de Marc Gasol en Memphis, y el más acostumbrado a la fama. Para casi todos los demás, como ocurre con Túnez, el torneo turco es la oportunidad de salir de las modestas Ligas domésticas.

Haddadi es un héroe nacional. El viernes, tras el entrenamiento, los iraníes recibieron la vista del ministro de Deportes. Todos querían fotografiarse con Haddadi, el primer iraní en la NBA. De su mano y sus 218 centímetros ha llegado Irán al Mundial, como campeona de Asia y tras un fogueo en los Juegos de Pekín (11º). Claro que conocer al conjunto iraní no es fácil. Solo una persona en la delegación, el entrenador asistente Mehran Hatami, habla inglés, y en sus manos está el único teléfono móvil del que la FIBA dispone para coordinarse con ellos. En la lista de contactos oficiales de los equipos, en la casilla de Irán figura el teléfono de un hotel de Estambul.

Otro asistente acompaña al entrenador, el serbio Veselin Matic, además de un mánager, un fisioterapeuta y un médico chino de acupuntura. "A veces nos va mejor que la medicina tradicional", cuenta Hatami; "Cada uno hace su trabajo, pero a veces tenemos que echar una mano en otra cosa". "Hemos venido a aprender", resume el preparador iraní. "Quizás sea imposible ganar a los mejores, pero los jugadores quieren demostrar que se merecen estar aquí". Diez periodistas y 50 aficionados siguen a la selección. En el equipo persa hay 10 jugadores musulmanes y dos cristianos. El Ramadán es una obligación vital. "Pero con los entrenamientos y los partidos, ahora no podemos dejar de comer ni beber", cuenta Haddadi. "El Ramadán es huir de los malos pensamientos y hacer el bien, cuidar el comportamiento para no actuar mal. Los jugadores lo siguen, pero comen y beben. Hacer un viaje largo nos permite romper el ayuno y hacerlo más tarde", cuenta Hatami; "vale la pena por estar en un Mundial".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de agosto de 2010