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Análisis:ANÁLISIS

La punta del iceberg

"El Gobierno de Madrid debe liberar la decisión política respecto a Marruecos del control militar español" (sic). Con una pancarta en la que se podía leer este texto, redactado en un castellano deficiente, se manifestaron, el sábado, un puñado de marroquíes ante el Consulado de España en Tetuán.

Resulta difícil creer que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos haya descubierto de sopetón, el 16 de julio, los atropellos que se producen desde hace años, y por ambos lados, en la frontera de Melilla. Detrás de sus cinco comunicados de protesta subyacen, probablemente, otras razones.

El Partido Popular lo tiene claro: Rabat se aprovecha de la "debilidad" del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero antes de que ellos lleguen al poder. La denuncia podría valer si explicasen qué concesiones pretende arrancarle el rey Mohamed VI.

A diferencia de otros momentos de tensión, la prensa oficialista marroquí y los comunicados de las ONG que convocan las manifestaciones nunca han atacado esta vez al presidente del Gobierno español. Sí arremeten, en cambio, contra las fuerzas de seguridad, el CNI -especialmente su director, el general Félix Sanz Roldán- y el Ejército, a los que acusan de tratar de imponer a Zapatero una política agresiva con relación a Marruecos.

Acaso sea por ese lado por donde haya que buscar las verdaderas razones del enfado marroquí. "Los comunicados oficiales son la punta del iceberg", asegura Alí Anouzla, ex director del diario Al Jarida al Oula. "Más allá de las reivindicaciones tradicionales sobre el Sáhara o Ceuta y Melilla, tiene que haber una causa más reciente y esa bien podría ser el famoso helicóptero de Alhucemas".

Los vuelos del helicóptero que, procedente de Melilla, abastece a la guarnición española del Peñón de Alhucemas perturbaron, en junio, el descanso de Mohamed VI en un yate fondeado en la bahía, a tan solo 300 metros de la roca en la que ondea la bandera de España. Rabat protestó y Madrid redujo los vuelos hasta interrumpirlos por completo. En el entorno del monarca se sospecha que se le hicieron fotos desde el helicóptero.

Navegar por la costa norte de Marruecos, como hizo el rey, es codearse con frecuencia con la presencia militar española. Aún así, Rabat debería de estar satisfecho de haber recortado el despliegue del CNI, que sigue dependiendo de Defensa, en el norte del país. En marzo de 2009 expulsó a su representante en Nador, la ciudad colindante con Melilla -nadie se quejó en Madrid- y en junio le forzó a cerrar su antena de Tetuán, muy cerca de Ceuta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de agosto de 2010