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COLUMNA

La acumulación de capital

Las últimas décadas de la economía española se han caracterizado por una intensa acumulación de capital. El esfuerzo inversor llevado a cabo ha contribuido a las mejoras tanto en la producción como en la renta de per cápita. A partir del año 2008 se asiste a un cambio de tendencia que se manifiesta de manera muy clara en los descensos experimentados en el año 2009. Analizando dicha acumulación de capital desde la perspectiva regional se puede afirmar que los ritmos son distintos en función de los territorios y no todas las comunidades autónomas dirigen sus esfuerzos inversores hacia los mismos activos.

Para el caso de Galicia, las magnitudes arrojan dos tendencias: de una parte, el ritmo de acumulación de capital fue especialmente notable, aunque inferior a la media española; y de otra parte, se asiste a una población ocupada con tasas de crecimiento anuales notablemente inferiores a la media nacional. Hasta el momento, las inversiones tendían a concentrarse especialmente en las regiones más dinámicas, al punto que la suma de Cataluña y Madrid ascendían a más del 35% de las inversiones nacionales, porcentaje que se acerca al 60% del total si le añadíamos Andalucía y Valencia.

Galicia apostó por exponerse menos a la burbuja inmobiliaria y de ahí el menor riesgo

Si escogiéramos el esfuerzo inversor medio (esto es, inversión sobre el PIB) Galicia muestra un porcentaje similar a la media española, alrededor del 25% para el periodo 1995-2007. La distinción entre el esfuerzo inversor efectuado en Galicia y las restantes regiones prueba que en nuestra comunidad autónoma el esfuerzo en lo tocante a las inversiones en viviendas fue menor que la media española; sobresaliendo, por el contrario, otras inversiones de infraestructuras, en maquinaria y material de equipo. Es decir, apostamos por unas actividades menos expuestas a las burbujas inmobiliarias y de ahí la menor exposición al riesgo. Pero también se puede decir que Galicia apostó por el grupo de activos formado por infraestructuras públicas, locales comerciales, naves industriales y fábricas, más que por los activos relacionados en las tecnologías de la información y comunicación.

Los datos del Instituto Valenciano de Investigación Económica nos muestran otras consideraciones relevantes. Las comunidades autónomas más extensas en superficie y las más dinámicas presentan las mayores participaciones en el stock de capital en infraestructuras públicas. La suma de Andalucía, Cataluña y Madrid ascendía al 40% del total de España. Y el peso que alcanzan las infraestructuras públicas en el capital total para el año 2007 arroja una conclusión evidente: son las comunidades autónomas más bajas en renta per cápita quienes cuentan con mayor presencia de capital público.

La crisis económica y las obligadas medidas de ajuste van a modificar las tendencias. Antes, la aceleración del ciclo inversor de la economía española permitía una combinación de proyectos de inversiones públicas con iniciativas productivas de orden privado. Ahora estamos ante una reasignación de activos, consecuencia de las dificultades derivadas de presupuestos públicos y de las capacidades y expectativas privadas. Esto supone que, en primer término, para llegar a una recuperación de la demanda es preciso mejorar y adecuar el aparato productivo, reestructurando distintas actividades y procurando la reorientación de aquellos segmentos productivos y de servicios de mayor valor añadido; y, en segundo lugar, confiar en la viabilidad de los proyectos, de su capacidad de competir y de su mayor eficiencia. Es decir, se trata de evitar las infraestructuras poco utilizadas, escasamente eficientes y con un reducido efecto multiplicador de sinergias tanto sociales como territoriales.

Para que ganen peso estas iniciativas emprendedoras en materia de infraestructuras y que logren ser más productivas es preciso sustituir el modelo productivo basado en el sector de la construcción y fundamentado en sectores de escasa competitividad. Las bases de la futura economía productiva han de estar sustentadas en la mejora de la productividad; en una apuesta por la especialización en actividades de mediano y alto contenido tecnológico; y que presenten niveles de posicionamiento y de competitividad en los amplios y crecientes mercados internacionales.

Los datos no engañan. El importante esfuerzo inversor ha de asociarse tanto a nuevas infraestructuras como a los equipos de transporte, maquinaria y activos relacionados con las nuevas tecnologías de la información y comunicaciones. Dado que su peso en Galicia es todavía bastante bajo, tenemos en este apartado un largo trecho a recorrer. Galicia, en este caso, continúa estando por debajo de la media española y es aquí donde se juega su porvenir. Un olvido y un nuevo relevamiento, como el que propicia el actual Gobierno de Galicia, es la peor de las apuestas posibles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de julio de 2010