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AL CIERRE

Glorias ensimismadas

Sobre el scalextric de la plaza de las Glòries ha surgido el andamio para construir la visera del Disseny Hub Barcelona, el museo del diseño proyectado por Oriol Bohigas, también conocido por su forma como "la grapadora". El inventor en la década de 1980 de la sorgidora que había de parchear los maltrechos barrios periféricos ha optado aquí por otro tipo de costura, digamos de escritorio, aunque en este caso no está claro qué recoserá, pues el scalextric subyacente está destinado a desaparecer (la Gran Via será subterránea). Conviene añadir que al diseño esparcido por este lugar nunca ha habido que pedirle muchas explicaciones, porque simplemente no las tiene. Se trata de un conjunto de autismos esparcidos en el que cada pieza del rompecabezas se niega a tener nada que ver con el resto. Marcó tendencia en su día el premiado parque central, inaugurado en 1992, un parque amurallado. Hoy es una ruina cerrada al público, aunque la verja del lado de la Meridiana ha sido forzada, dejando expedito el paso a los amantes de los deportes de riesgo. Subsisten en todo el perímetro restos de lo que fue el diseño olímpico, unos monolitos negros, tipo Odisea en el espacio, dedicados a conceptos tan elevados como "L'arquitectura gòtica" o -no se lo pierdan- "El restabliment de l'autogovern. L'Estatut d'Autonomia". En general, mirar por encima del hombro es la actitud preferente de la arquitectura de la zona. A Jean Nouvel le faltó tiempo para ignorar el entorno cuando levantó la torre Agbar. Su falo multicolor, tan útil para las campanadas de fin de año, sólo tiene tratos con la Sagrada Familia y Montserrat, no iba a ponerse por menos. El periplo de soledades autárquicas se completa con el Auditori de Rafael Moneo y el Teatre Nacional de Ricardo Bofill. El jardín neonoucentista de este último, cercado por madreselvas, con cipreses, olivos y palmeras a lo Rubió i Tudurí, contrasta con el hormigón pelado, dominante de la casa de conciertos, cuya linterna de vidrio y acero, hoy en reparación por amenaza de desprendimiento, mira absorta al cielo como si quisiera olvidarse del barrio en el que le ha tocado vivir. Es la plaza de las Glòries, glorias catalanas, glorias ensimismadas.

La actitud de la arquitectura de la zona es mirar por encima del hombro

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de julio de 2010